Desde hace meses, no podía entrar al blog... no recordaba mi contraseña...
Éste es un reportaje que, por estúpida, no se publicó. Estaba destinado a Milenio Semanal, pero como aquí no hay problema de tiempo... pos lo subo, aunque debió haber circulado desde la primera quincena de noviembre de 2007.
Nayeli Roldán
La designación de José Narro Robles como rector de la UNAM no fue una sorpresa. Desde el inicio del proceso fue señalado como el candidato de Juan Ramón de la Fuente —por su cercanía laboral desde hace 17 años—, pero los apoyos públicos que recibió de diversos sectores durante el proceso de sucesión, su conocimiento acerca de la máxima casa de estudios del país y su capacidad de negociación política, lograron que 12 de los 15 miembros de la Junta de Gobierno lo considerara como el candidato capaz de lograr consensos entre la comunidad universitaria, el gobierno federal y otros actores sociales.
En el cuarto intento de Narro Robles por alcanzar la rectoría, ganó la popularidad y la continuidad y, sin restar importancia a la trayectoria académica y laboral, el ex director de la Facultad de Medicina era quien aseguraba sostener la gobernabilidad de la Universidad; su designación no provocaría descontento entre las mayorías, sostienen investigadores.
A diferencia de procesos como el enfrentado en 1999 o en la década de los 70, éste fue tranquilo, sin crispación, ni presiones de un movimiento estudiantil. Pese a que existieron señalamientos sobre cargadas, dedazo o guerra sucia, —prácticas electorales desleales—, nada provocó polarización entre la comunidad ni presión para la JG.
Además, el rectorado de Juan Ramón de la Fuente contribuyó, en buena medida, a que la UNAM atravesara por este proceso sin tempestades, sobre todo después de que él tomara a la Universidad luego de 10 meses de conflicto estudiantil.
Ganó el puma, no el delfín
En el rectorado de Jorge Carpizo, José Narro fue secretario general de la UNAM, ratificado en el siguiente periodo por José Sarukhán, mientras que Juan Ramón de la Fuente fue asignado como coordinador de investigación científica. En 1994 y hasta 1999, De la Fuente fungía como secretario de salud en el gobierno de Ernesto Zedillo y Narro era el segundo abordo.
Después del conflicto estudiantil que mantuvo cerrada a la Universidad por 10 meses, Juan Ramón de la Fuente asumió las riendas de la institución y lo asignó como negociador con el CGH y coordinador para la reforma universitaria. En 2003 asumió la dirección de la Facultad de Medicina.
Esta historia curricular contribuyó a que los detractores calificaran a Narro como “el delfín” de De la Fuente a su candidatura como “dedazo” y a sus apoyos como “cargada”. A la mitad del proceso, durante un encuentro con abogados, el candidato más apoyado aseguró que: “en la zoología universitaria no soy delfín, en todo caso soy un puma”.
El proceso, aunque no causó enfrentamientos, sí tuvo señalamientos de prácticas priístas. Incluso, el anuncio de la candidatura de Narro Robles, el 8 de octubre, fue en un auditorio lleno, en el Raúl Fournier de la Facultad que dirigía, ante su comunidad expresó su deseo de “servir”, lo que recordaba los destapes del partido que retuvo durante 70 años el poder.
En entrevista con Milenio Semanal Narro sostiene, “con toda honestidad”, que la sucesión fue un proceso universitario y “como uno lo esperaría, con condiciones de participación, libertad para decir cosas; a lo mejor con algunos excesos, pero no más allá de eso”.
Asegura que “fue un proceso universitario con una buena participación de sectores muy importantes de la comunidad universitaria. Una buena parte de los académicos, de estudiantes y de los trabajadores. Todos los sectores tuvieron la oportunidad de muy diversas manera de expresarse, de dar su opinión”.
Y en efecto, luego del anuncio de apoyo por parte de directores de 18 centros e institutos de investigación —lo que representa 70 por ciento de la investigación científica de la UNAM—, directores de Colegios de Ciencias y Humanidades, trabajadores y estudiantes, los refuerzos a la candidatura de José Antonio de la Peña —considerado el segundo aspirante más fuerte— también se hicieron públicos.
16 profesores eméritos, encabezados por Jorge Flores Valdés, firmaron una carta de apoyo para la candidatura de De la Peña, porque a su juicio, tenía la trayectoria académica, de negociación política y la edad apropiada para dirigir a la máxima casa de estudios del país por hasta ocho años.
Al salir de su entrevista con la Junta de Gobierno, el investigador aseguró que los apoyos cargados hacia Narro era una práctica de “pandillas” y lo más importante en el proceso no era el apoyo cuantitativo sino cualitativo.
En 44 días de proceso y en las primeras ocho horas de deliberación, la Junta de Gobierno lanzó el humo blanco. A ocho horas de deliberación Narro Robles logró 12 de votos de 15.
Según integrantes de este órgano colegiado, los ocho candidatos —José Antonio de la Peña, Gerardo Ferrando Bravo, Luis Javier Garrido, Fernando Pérez Correa, Rosaura Ruiz, Fernando Serrano Migallòn y Diego Valadès— son excelentes universitarios y cualquiera podía asumir el cargo.
Sin embargo, lo que diferenció a Narro del resto fue los apoyos recibidos de diversos actores de la comunidad, porque es un académico que conoce a la Universidad y un político y que logra consenso.
Aunque en la recta final estaban, además del rector, De la Peña, Serrano Migallón y Valadés; éste último dejó una excelente impresión ante la JG después de su comparecencia, fue muy fuerte en los últimos momentos.
Para la JG nunca hubo polarización y el proceso debe llenar de orgullo, aunque seguramente habrá que perfeccionarlo, argumentaron. Están convencidos de que Narro es un buen negociador. Tendrá la capacidad para convencer al Presidente de la República, con argumentos, y también al resto de la comunidad.
El doctor narro es lo suficientemente “humilde, habilidoso, capaz para tener una excelente relación con Calderón y con el resto de la sociedad mexicana”.
La docencia, punto central
Narro Robles afirma que tiene la responsabilidad de asegurar que lo mucho que se avanzó no se vaya a perjudicar. Es una obligación aprovechar la espléndida condición de la universidad.
Pero como el mismo Juan Ramón de la Fuente afirmó en los últimos días de su gestión, la Universidad es siempre perfectible. El ex director de Medicina, afirma que “la Universidad es una institución siempre en búsqueda de la superación y hay cosas que tenemos que reformar para que pueda seguir avanzando”.
El camino tiene que incluir una visión hacia el futuro que le permita a la Universidad anticipar las necesidades, los problemas de la sociedad —de hecho, así tituló su proyecto de trabajo La Universidad Nacional y su futuro—, no es de un sector, grupo o espacio socioeconómico sino a todos los niveles.
La docencia es mucho espacio para mejorar. En el bachillerato —infraestructura, planta académica, planes y programas de estudio, requerimos de un cambio de enfoque: hay que poner al estudiante en el centro de los programas de trabajo de la universidad—, licenciatura y posgrado. “Tenemos la seguridad de que hay campo para mejorar”.
El fantasma de 1999 y la gobernabiliad
La deliberación de la JG no sorprendió, aunque a decir de Roberto Rodríguez, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales, no se puede saber si fue la mejor decisión. El órgano colegiado “acierta a recoger el sentir de la comunidad mayoritaria. Y la JG se pronuncia por una candidatura más de continuidad, que de transformación”.
La propia normativa de la JG indica que ésta tiene que escuchar a la comunidad, para y para eso se abre el periodo de auscultación, pero en efecto, “fue una candidatura muy popular, y no puede ignorarlo (la JG), o puede hacerlo, pero tendría que pagar los costos y explicar. Esta es una candidatura sin problemas, ni para el rector saliente, ni para la JG”.
Para Bolívar Huerta, investigador de la Facultad de Ciencias, la designación no tiene que ver con una línea del rector saliente o un acuerdo “oscuro” dentro de la JG, sino “con el trabajo que ha hecho estos últimos años el actual rector”.
Rodríguez coincide en la importancia de la trayectoria, pero acota que el principal motivo era “no alterar el balance de fuerzas ya constituido, asegurar que la UNAM siga en la ruta de gobernabilidad y sin demeritar los conocimientos de Narro, uno puede confiar en que el barco lleva timón seguro, pero también prever que no habrá cambios bruscos en la Universidad”.
El comunicado de la JG la noche de la designación, se explicaba que tomando en cuenta las condiciones del país, su proyecto de trabajo y trayectoria, hacìa de Narro Robles la persona idónea para dirigir a la UNAM.
Para Zapata, el país está “en la ruina”, porque no hay credibilidad en las instituciones y la Universidad emerge como una instancia de legitimidad y credibilidad, y ahì radican los desafíos del nuevo rector.
“La duda mayor radica en que el doctor sea capaz de integrar, como lo ha hecho, a la comunidad en un ámbito plural, diverso, donde cabe la discrepancia que integre esa discrepancia en su equipo de gobierno”.
Otro pendiente es el fantasma de la huelga de 1999. Fue el interlocutor con CGH para y el organizador del plebiscito donde la comunidad universitaria coincidía en poner fin a la huelga, lo que se consideró la anuencia para la entrada fuerzas policíacas. En 2000 fue coordinador del Congreso Universitario.
El día que Narro compareció ante la JG, estudiantes se manifestaron contra su candidatura porque, el “participó en la entrada de la PFP en 1999”, argumentaron. El trece de noviembre, minutos después de su designación, Narro Robles enfrentó las primeras protestas como rector: estudiantes de la Facultad de Economía, le recriminaban su actuación ocho años atrás y el proceso “antidemocrático”. El 15 del mismo mes, nuevamente más estudiantes manifestaron en contra y esta vez quemaron la puerta de Rectoría.
El rector Narro Robles escribió en un artículo publicado en la Revista de la Universidad de México, que “la autonomía ha servido para resolver problemas, no para crearlos”. Al respecto se le preguntó sobre la entrada de la PFP a Ciudad Universitaria en 1999, lo que significó, la violación a la autonomía.
“Se buscó otros caminos, otras soluciones”, asegura el nuevo rector.
— ¿No hubo de otra?, se inquirió.
Sin pronunciar palabra, y con hombros encogidos, se podría interpretar su respuesta.
“Hay que terminar de resanar las heridas que aún están abiertas de la huelga”, asegura Zapata. Tal vez, en los últimos ocho años lo mejor fue posicionar a la institución, pero también hay que darle una importancia a lo que pasó en 1999 porque “eso ha polarizado a la comunidad, ha alejado a los universitarios de los temas nacionales, políticos, sociales”.
“Ahora no se necesitan 50 mil estudiantes como lo hubo al principio de la huelga, se necesitan 50 encapuchados que te hagan un desorden. (...) Si hay un proceso universitario en el que se sanen las heridas, se hable y quede de manifiesto que ningún universitario tuvo que ver en la entrada de la policía es en la medida en que se irán resanando las dificultades internas”.
Tranquila sucesión
El cambio de rector no propició enfrentamientos porque, sostiene Rodrìguez, “la rectoría utilizó todos los años de su periodo en asegurar que tuviera las condiciones de gobernabilidad y heredó un clima de tranquilidad y eso es lo que se refleja en esta selección”.
Ni siquiera se complicó con el aplazamiento a huelga del STUNAM en demanda del aumento salarial, pues se logró un acuerdo el 31 de octubre. Y Juan Ramón de la Fuente trabajó para dando posiciones a distintos sectores, incluso a los de izquierda.
“Abrió el tablero, brindó posiciones a cuadros de la izquierda y eso no había ocurrido antes, como la coordinación de investigación científica, o la coordinación del posgrado, pero eso no significa apertura al diálogo, eso se me hace excesivo”.
jueves, enero 10, 2008
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