A nueve años de la ocupación del auditorio Che Guevara (oficialmente Justo Sierra), de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, el rector José Narro Robles impulsa una estrategia para recuperar y remodelar el espacio, ocupado por un grupo para fines no académicos.
El ex rector Juan Ramón de la Fuente evadió en su momento enfrentar esta problemática, por lo que el inmueble quedó en manos de los ultras durante casi una década. Según denuncian algunos consejeros universitarios, nunca recibió a los integrantes de la comunidad para atender la situación.
Por su parte, Narro Robles ya instruyó a la Dirección General de Obras y Conservación de la máxima casa de estudios a que elabore un proyecto ejecutivo de remodelación, que incluya la construcción de salón multimedia, cineteca, cubículos estudiantiles y galería de arte.
Fue él quien tomó la iniciativa para llamar a reunión a los consejeros universitarios, técnicos, trabajadores y al director de la Facultad de Filosofía, Ambrosio Velasco, y recuperar la administración del Justo Sierra.
Hasta el momento se han realizado dos reuniones, en las que se debatió la estrategia para lograr el desalojo; sin embargo, desde el primer momento se descartó el uso de la fuerza pública.
En contraste, las autoridades apuestan por el diálogo y para ello piensan integrar al resto de la comunidad universitaria en el proyecto. En las próximas dos semanas continuarán las reuniones para elaborar el plan definitivo.
Ambrosio Velasco, quien está por concluir su segundo periodo al frente de Filosofía y Letras, expresó siempre la necesidad de recuperar el auditorio, pero sus intentos fueron fallidos. “No se ha sostenido con la suficiente vehemencia un plan ambicioso dispuesto a desactivar ese conflicto.”
Su gestión, pese a que ha sido favorable, “siempre tuvo la mancha del Che Guevara”, consideran académicos de la facultad.
El lugar tiene que ser habilitado nuevamente como espacio abierto a todas las expresiones de cultura de toda la comunidad universitaria y, sobre todo, como el “centro de reunión de estudiantes para organizarse y defender sus legítimos derechos, como fue en el punto culminante de 1968 —justo cuando fue renombrado por los universitarios como Che Guevara—”, sostienen.
Remanentes universitarios
En junio de 2007, luego de cinco años de gestiones, la UNESCO nombró al campus central de la UNAM como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
El reconocimiento incluye la Torre de Rectoría, la Biblioteca Central, jardines, islas, las facultades de Filosofía y Letras, Derecho, Medicina, Odontología, Economía y Arquitectura, además de la Torre II de Humanidades, entre otras construcciones.
Sin embargo, una buena parte de los espacios exteriores de Filosofía y Letras ha sido invadidos por ambulantes, desde el Circuito Universitario hasta la Biblioteca Central.
Los puestos ubicados en el corredor que va del Che Guevara a la entrada de la facultad pertenecen a simpatizantes de quienes ocupan el auditorio o son supuestos estudiantes que comenzaron a vender libros, discos piratas o colguijes luego de la huelga de 1999. La mayoría no tiene permiso de la oficina de Patrimonio Universitario; sin embargo, no están dispuestos a abandonar esos “espacios de trabajo”.
Luego del paro más largo en la UNAM (que comenzó en abril de 1999 y concluyó con la entrada de la Policía Federal Preventiva en febrero de 2000), los ultras tomaron el auditorio Justo Sierra para mostrar la resistencia del movimiento.
A más de nueve años de esos hechos, son los “remanentes” de los radicales, identificados con la Brigada verde, quienes mantienen secuestrado el espacio.
En él improvisaron un comedor vegetariano que funciona de lunes a viernes. Además, imparten clases de tambor, serigrafía y otras actividades, y organizan conciertos. Cualquier universitario que pretenda hacer uso del espacio deberá recibir antes la aprobación de los ultras.
El auditorio Justo Sierra recibió en 1963 al presidente de Francia, Charles de Gaulle, y fue el espacio de discusión por antonomasia del movimiento estudiantil de 1968.
Hoy tiene una apariencia sucia, faltan muchas butacas y las luces del escenario están dañadas. La poca luz que se cuela lo hace ver como un sitio abandonado.
Nayeli Roldán
domingo, junio 22, 2008
domingo, junio 01, 2008
Delitos en la UNAM
Nayeli Roldán S.
Durante 2007 se denunciaron 498 delitos cometidos en la Universidad Nacional de Autónoma de México (UNAM), aunque la seguridad de la institución, que incluye el patrullaje y la línea telefónica de auxilio, no fue capaz de detectar ninguno de ellos en flagrancia.
En noviembre -cuando José Narro Robles asumió la rectoría- fue el mes con mayor incidencia (54 delitos) y en los dos primeros meses de este año -enero fue de vacaciones- ya se suman 95 ilícitos, lo que representa 23 por ciento más que el año anterior en el mismo periodo.
De acuerdo con la estadística de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal Incidencia delictiva en Ciudad Universitaria -del 1 de enero de 2007 al 29 de febrero de 2008-, cuya copia tiene MILENIO, el robo de objetos representa poco más de 45 por ciento del total (221 el año pasado, incluyendo objetos robados del interior de vehículos), lo que lo ubica como el de mayor incidencia.
En 2007 hubo dos homicidios imprudenciales (atropellamientos) e igual número sólo en febrero de este año. También sucedió robo a transeúnte (13), negocio (11), en transporte público (2), fraude (7), amenazas (7) y lesiones (11), entre otros.
Los delitos, dicen los universitarios, son cometidos por gente externa; no obstante, el problema se recrudece porque la autonomía de las 730 hectáreas de Ciudad Universitaria la puede convertir en un espacio de impunidad para delincuentes.
En 13 facultades asisten más de 170 mil alumnos y poco más de 28 mil trabajadores administrativos y académicos; empero, al ser un espacio público, no se puede contabilizar con exactitud el número de visitantes, lo que complica y limita la seguridad.
Ubicada en el extremo sur de la delegación Coyoacán e inaugurada en 1952 está integrada por cinco zonas: Humanidades, Ciencias Biológicas, Gobierno y Servicios, Artes y Museos y Ciencias, además del Estadio Olímpico y campos deportivos. Para ese espacio, la UNAM tiene poco más de 2 mil vigilantes sindicalizados que cumplen con hacer patrullaje por algunas zonas y, en caso de detectar algún disturbio, sacar del campus a los implicados.
“El problema de seguridad es derivado de otro a nivel nacional. Es un problema de corrupción y criminalidad en todo el país que se ve reflejado aquí”, sostiene Felipe Cervera, consejero académico del área de las Humanidades y de las Artes de la Facultad de Filosofía y Letras.
Encontrar una solución mediante restricciones de acceso o “militarizar” el campo universitario se vuelve un debate complejo “por la naturaleza de los estudiantes y de la misma Universidad”; “no podemos poner torniquetes por todas partes porque CU es un territorio público”.
De acuerdo con personal del Sindicato de Trabajadores de la UNAM, “la violencia es un foco rojo en la Universidad que debe atender el rector y debe hacer una evaluación sin miedo” pero, sobre todo, hacerla pública para integrar a la comunidad universitaria en las posibles soluciones.
Que el siguiente no sea el tuyo
Este diario solicitó entrevistas con los titulares de la Defensoría de los derechos universitarios, el abogado general, la jefa de la Unidad de Seguimiento y Atención de Denuncias dentro de la UNAM y a la presidenta de la Comisión Especial de Seguridad para conocer las estadísticas de la problemática y las estrategias institucionales para subsanarlas, no obstante, no se respondió a ninguna petición.
En la legislación universitaria existe la Comisión Especial de Seguridad del Consejo Universitario, que tiene como función “estudiar y sugerir” medidas preventivas para casos de siniestros y “reforzar la seguridad y luchar contra la violencia y actos ilícitos que ocurran en la UNAM y sus inmediaciones”, pero no ordena ni sanciona, sólo recomienda.
Al respecto, dicen los sindicalistas, “el comité requiere hacer evaluaciones constantes” que esté acorde a los acontecimientos de la institución. Porque es real que suceden “robos, violaciones y narcomenudeo”, pero la “extraterritorialidad y autonomía vuelve más complejo el control”.
El rector José Narro, conoce las estadísticas incluso antes de asumir el cargo y precisamente por ello debe empujar acciones para disminuir la incidencia delictiva. Aunque existe la disyuntiva de la autonomía, tiene que encontrarse el camino para que “se inhiba el delito” sin intentar “militarizar” y hacer de CU un territorio seguro, agregan.
“La seguridad es una constante preocupación”, sostiene Edén Garcés, también consejero académico del área de las Humanidades y de las Artes de la Facultad de Filosofía y Letras. “Los estacionamientos no son seguros, no hay vigilancia en los espacios de uso común, las patrullas nunca están cuando se les necesita, ni los kioscos amarillos con teléfonos de auxilio funcionan siempre”.
Cervera sostiene que los vendedores de drogas no son universitarios y “tiene la capacidad de cuidarse para no ser descubierto”, pero cuestiona que el personal de auxilio UNAM tiene restricciones.
“No pueden usar fuerza, y ¿qué tan bien estaría que sí se les permitiera?”. El tema es sensible y en si bien es cierto que existe “una problemática de seguridad, tampoco es tierra de nadie”.
Para el investigador de la Facultad de Ciencias, Bolívar Huerta, la seguridad “es un reto para el rector”. Coincide en que el robo de autos es constante, pero se debe “redoblar esfuerzos”, y el ambulantaje es “otro foco rojo” porque sirve de pretexto para todo tipo de “comercio ilegal”, donde no se tiene el control preciso de personas ni sus actividades.
El caso de una violación sexual en la Facultad de Filosofía y Letras, hace cinco años, los asaltos a trabajadores de la UNAM en días de pago, robo de computadoras personales y agresiones en los baños fueron referente para emitir recomendaciones en la página de internet de la facultad de Filosofía y Letras o de la Comisión de Seguridad.
“Si percibes la presencia de alguna persona sospechosa en baños, elevadores y escaleras, no los utilices. Avisa al personal de vigilancia”; se recomienda evitar los lugares apartados; ir acompañado a alguna institución bancaria; no llevar monedero o billetera a la mano, se lee en la web.
El robo de autos ocupa el segundo lugar de incidencia con 182, de los cuales 22 se cometieron con violencia. Al respecto, la institución ha tomado previsiones medidas el acceso vigilado a los estacionamientos y la implementación del Puma Bus —lo que impide estacionar autos en el circuito escolar—.
Incluso, existe la campaña contra robo de autos ¡Que el siguiente… no sea el tuyo!, en la que se hace recomendaciones como “ponle bastón y alarma, asegúrate que esté bien cerrado, bájate del vehículo cuando esperas a alguien, no lo estaciones en lugares solitarios y de ser posible asegúralo contra robo”, entre otras recomendaciones, lo que refleja la alta incidencia de casos.
La delincuencia se presenta lo mismo en la UNAM que en cualquier otra institución, incluyendo privadas, porque nadie está ajeno de ello, la situación es de país, argumentan los consejeros.
Recuadro:
El procedimiento para denunciar un ilícito es:
Ubicar a alguna patrulla de Auxilio UNAM y exponer el caso.
Ellos hacen un reporte a la Dirección General de Servicios Generales; mismo que es entregado a la oficina del abogado general de la UNAM para brindar asesoría y acompañar a la víctima a denunciar el hecho a la delegación Coyoacán.
Durante 2007 se denunciaron 498 delitos cometidos en la Universidad Nacional de Autónoma de México (UNAM), aunque la seguridad de la institución, que incluye el patrullaje y la línea telefónica de auxilio, no fue capaz de detectar ninguno de ellos en flagrancia.
En noviembre -cuando José Narro Robles asumió la rectoría- fue el mes con mayor incidencia (54 delitos) y en los dos primeros meses de este año -enero fue de vacaciones- ya se suman 95 ilícitos, lo que representa 23 por ciento más que el año anterior en el mismo periodo.
De acuerdo con la estadística de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal Incidencia delictiva en Ciudad Universitaria -del 1 de enero de 2007 al 29 de febrero de 2008-, cuya copia tiene MILENIO, el robo de objetos representa poco más de 45 por ciento del total (221 el año pasado, incluyendo objetos robados del interior de vehículos), lo que lo ubica como el de mayor incidencia.
En 2007 hubo dos homicidios imprudenciales (atropellamientos) e igual número sólo en febrero de este año. También sucedió robo a transeúnte (13), negocio (11), en transporte público (2), fraude (7), amenazas (7) y lesiones (11), entre otros.
Los delitos, dicen los universitarios, son cometidos por gente externa; no obstante, el problema se recrudece porque la autonomía de las 730 hectáreas de Ciudad Universitaria la puede convertir en un espacio de impunidad para delincuentes.
En 13 facultades asisten más de 170 mil alumnos y poco más de 28 mil trabajadores administrativos y académicos; empero, al ser un espacio público, no se puede contabilizar con exactitud el número de visitantes, lo que complica y limita la seguridad.
Ubicada en el extremo sur de la delegación Coyoacán e inaugurada en 1952 está integrada por cinco zonas: Humanidades, Ciencias Biológicas, Gobierno y Servicios, Artes y Museos y Ciencias, además del Estadio Olímpico y campos deportivos. Para ese espacio, la UNAM tiene poco más de 2 mil vigilantes sindicalizados que cumplen con hacer patrullaje por algunas zonas y, en caso de detectar algún disturbio, sacar del campus a los implicados.
“El problema de seguridad es derivado de otro a nivel nacional. Es un problema de corrupción y criminalidad en todo el país que se ve reflejado aquí”, sostiene Felipe Cervera, consejero académico del área de las Humanidades y de las Artes de la Facultad de Filosofía y Letras.
Encontrar una solución mediante restricciones de acceso o “militarizar” el campo universitario se vuelve un debate complejo “por la naturaleza de los estudiantes y de la misma Universidad”; “no podemos poner torniquetes por todas partes porque CU es un territorio público”.
De acuerdo con personal del Sindicato de Trabajadores de la UNAM, “la violencia es un foco rojo en la Universidad que debe atender el rector y debe hacer una evaluación sin miedo” pero, sobre todo, hacerla pública para integrar a la comunidad universitaria en las posibles soluciones.
Que el siguiente no sea el tuyo
Este diario solicitó entrevistas con los titulares de la Defensoría de los derechos universitarios, el abogado general, la jefa de la Unidad de Seguimiento y Atención de Denuncias dentro de la UNAM y a la presidenta de la Comisión Especial de Seguridad para conocer las estadísticas de la problemática y las estrategias institucionales para subsanarlas, no obstante, no se respondió a ninguna petición.
En la legislación universitaria existe la Comisión Especial de Seguridad del Consejo Universitario, que tiene como función “estudiar y sugerir” medidas preventivas para casos de siniestros y “reforzar la seguridad y luchar contra la violencia y actos ilícitos que ocurran en la UNAM y sus inmediaciones”, pero no ordena ni sanciona, sólo recomienda.
Al respecto, dicen los sindicalistas, “el comité requiere hacer evaluaciones constantes” que esté acorde a los acontecimientos de la institución. Porque es real que suceden “robos, violaciones y narcomenudeo”, pero la “extraterritorialidad y autonomía vuelve más complejo el control”.
El rector José Narro, conoce las estadísticas incluso antes de asumir el cargo y precisamente por ello debe empujar acciones para disminuir la incidencia delictiva. Aunque existe la disyuntiva de la autonomía, tiene que encontrarse el camino para que “se inhiba el delito” sin intentar “militarizar” y hacer de CU un territorio seguro, agregan.
“La seguridad es una constante preocupación”, sostiene Edén Garcés, también consejero académico del área de las Humanidades y de las Artes de la Facultad de Filosofía y Letras. “Los estacionamientos no son seguros, no hay vigilancia en los espacios de uso común, las patrullas nunca están cuando se les necesita, ni los kioscos amarillos con teléfonos de auxilio funcionan siempre”.
Cervera sostiene que los vendedores de drogas no son universitarios y “tiene la capacidad de cuidarse para no ser descubierto”, pero cuestiona que el personal de auxilio UNAM tiene restricciones.
“No pueden usar fuerza, y ¿qué tan bien estaría que sí se les permitiera?”. El tema es sensible y en si bien es cierto que existe “una problemática de seguridad, tampoco es tierra de nadie”.
Para el investigador de la Facultad de Ciencias, Bolívar Huerta, la seguridad “es un reto para el rector”. Coincide en que el robo de autos es constante, pero se debe “redoblar esfuerzos”, y el ambulantaje es “otro foco rojo” porque sirve de pretexto para todo tipo de “comercio ilegal”, donde no se tiene el control preciso de personas ni sus actividades.
El caso de una violación sexual en la Facultad de Filosofía y Letras, hace cinco años, los asaltos a trabajadores de la UNAM en días de pago, robo de computadoras personales y agresiones en los baños fueron referente para emitir recomendaciones en la página de internet de la facultad de Filosofía y Letras o de la Comisión de Seguridad.
“Si percibes la presencia de alguna persona sospechosa en baños, elevadores y escaleras, no los utilices. Avisa al personal de vigilancia”; se recomienda evitar los lugares apartados; ir acompañado a alguna institución bancaria; no llevar monedero o billetera a la mano, se lee en la web.
El robo de autos ocupa el segundo lugar de incidencia con 182, de los cuales 22 se cometieron con violencia. Al respecto, la institución ha tomado previsiones medidas el acceso vigilado a los estacionamientos y la implementación del Puma Bus —lo que impide estacionar autos en el circuito escolar—.
Incluso, existe la campaña contra robo de autos ¡Que el siguiente… no sea el tuyo!, en la que se hace recomendaciones como “ponle bastón y alarma, asegúrate que esté bien cerrado, bájate del vehículo cuando esperas a alguien, no lo estaciones en lugares solitarios y de ser posible asegúralo contra robo”, entre otras recomendaciones, lo que refleja la alta incidencia de casos.
La delincuencia se presenta lo mismo en la UNAM que en cualquier otra institución, incluyendo privadas, porque nadie está ajeno de ello, la situación es de país, argumentan los consejeros.
Recuadro:
El procedimiento para denunciar un ilícito es:
Ubicar a alguna patrulla de Auxilio UNAM y exponer el caso.
Ellos hacen un reporte a la Dirección General de Servicios Generales; mismo que es entregado a la oficina del abogado general de la UNAM para brindar asesoría y acompañar a la víctima a denunciar el hecho a la delegación Coyoacán.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)