El periodismo es la última pinche barrera que nos impide caer en la barbarie. Sin periodismo, sin circulación de información, todos levantaríamos la mano cuando el big brother lo dijera. Es la voz de los mudos y el oído extra que Dios le dio a los sordos. Es el único pinche oficio que aún vale la pena en la segunda mitad del siglo XX. Es el equivalente moderno de la piratería ética, el aliento de las rebeliones de los esclavos. Es el único puñetero trabajo divertido que aún puede practicarse. Es lo que impide el regreso al simplismo cavernario. Contradictoriamente, es un asunto donde nuevamente hay cosas eternas: la verdad, el mal, la ética, el enemigo. Es la mejor literatura, porque es la más inmediata. Es la clave de la democracia real, porque la gente tiene que saber qué está pasando para decidir cómo se va a jugar la vida. Es el reencuentro entre las mejores tradiciones morales del cristianismo primitivo y las de la izquierda revolucionaria de fines del siglo XIX. Es el alma de un país. Sin periodistas todos seríamos muertos y la mayoría ciegos. Sin circulación de información verídica todos seríamos bobos. Es también el refugio de las ratas, la zona más contaminada, junto con las fuerzas policíacas, de toda nuestra sociedad. Un espacio que se dignifica porque lo compartes con los tipos más abyectos, más serviles, más mandilones, más corruptos. Y por comparación te ofrece las posibilidades de la heroicidad. Es como si metieran el cielo y el infierno en una licuadora y tuvieras que trabajar en movimiento. Es una albañilería del sentido común. "
Paco Ignacio Taibo II, de Sintiendo que el campo de batalla
martes, agosto 21, 2007
martes, julio 31, 2007
Periodismo
“...el periodismo (en su conjunto, no las excepciones, que existieron y que son honrosas) está cumpliendo por primera vez con los roles que sí le corresponden. Aunque tal vez esto requeriría alguna definición.
Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos.
Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa; de la neutralidad los suizos, del justo medio los filósofos y de la justicia los jueces. Y si no se encargan, ¿qué culpa tiene el periodismo?”
Verbitsky
Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos.
Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa; de la neutralidad los suizos, del justo medio los filósofos y de la justicia los jueces. Y si no se encargan, ¿qué culpa tiene el periodismo?”
Verbitsky
jueves, junio 28, 2007
viernes, mayo 04, 2007
Realidad o sueño?
Deja que te hable de mis sueños
que tras el tiempo se escondieron
pero que contigo han vuelto.
Deja que te hable de mis sueños,
que con el tiempo se perdieron
confundidos en el silencio.
Sueño con los ojos abiertos,
puede que pienses que estoy loco
porque me creo lo que sueño.
Y si tú quieres te los cuento,
los escribí en un libro abierto
en el lenguaje de los sueños.
Qué hay de malo en perseguir los sueños.
Qué hay de malo en soñar despierto.
Sueño en color, sueño en verso.
en historias con argumento,
en canciones que al fin resuelvo.
Flotan guitarras en el cielo,
veo montañas en el techo,
para los sueños no hay secretos.
Creo en los sueños infinitos,
aquellos que tienen los niños,
que se acarician con los dedos.
Creo en los sueños verdaderos
que corren sin rumbo ni dueño,
y a los que nadie puso un precio.
Son los sueños realidad o sueños.
Es la realidad verdad o un sueño.
Qué hay de malo en perseguir los sueños.
Qué hay de malo en soñar despierto.
Son los sueños realidad o sueños.
Es la realidad verdad o un sueño.
Para la sonrisa más hermosa q he visto... AMG
que tras el tiempo se escondieron
pero que contigo han vuelto.
Deja que te hable de mis sueños,
que con el tiempo se perdieron
confundidos en el silencio.
Sueño con los ojos abiertos,
puede que pienses que estoy loco
porque me creo lo que sueño.
Y si tú quieres te los cuento,
los escribí en un libro abierto
en el lenguaje de los sueños.
Qué hay de malo en perseguir los sueños.
Qué hay de malo en soñar despierto.
Sueño en color, sueño en verso.
en historias con argumento,
en canciones que al fin resuelvo.
Flotan guitarras en el cielo,
veo montañas en el techo,
para los sueños no hay secretos.
Creo en los sueños infinitos,
aquellos que tienen los niños,
que se acarician con los dedos.
Creo en los sueños verdaderos
que corren sin rumbo ni dueño,
y a los que nadie puso un precio.
Son los sueños realidad o sueños.
Es la realidad verdad o un sueño.
Qué hay de malo en perseguir los sueños.
Qué hay de malo en soñar despierto.
Son los sueños realidad o sueños.
Es la realidad verdad o un sueño.
Para la sonrisa más hermosa q he visto... AMG
miércoles, febrero 07, 2007
lunes, febrero 05, 2007
Fantasma
Este sábado, después de visitar a Chabe, iba a ir a una fiesta, aunque realmente no tenía ánimo, pero finalmente vi a David.
Sí, al mismo que un día vi desaparecer de entre la calle. Con el que compartí cosas lindas cuando fuimos novios. Estuvo durante parte de la prepa y principio de la universidad conmigo.
Fue muy curioso que a él sí me lo haya encontrado un par de veces en la calle sin desearlo si quiera. No porque hayamos terminado mal, sino porque me recordaba mi cobardía. Cuando nos veíamos, afortunadamente, cada quien estaba acompañado, y sólo cruzabamos miradas y sonreíamos.
En estos años, seis para ser exactos, nunca dejó de llamarme por teléfono. A veces cada seis meses, a veces cada año. Escucharlo me hacía preguntarme si su llamada era porque estaba muy bien, o porque se sentía muy mal. Sólo me preguntaba cómo estaba, que estaba haciendo, y yo le respondía y le decía que se cuidara mucho. Las conversaciones no duraban más de cinco minutos.
Hace un mes recibí otra llamada que, supuse, era igual que las anteriores; esa vez me pidió mi número de celular. Dos días después recibí el primer mensaje y después de un poco de chateo me pidió que nos viéramos. La poco coincidencia en nuestros tiempos a penas nos permitió el encuentro el sábado pasado.
No se cómo describirlo, pero fue muy raro. Una mezcla de alegría, nostalgia, miedo...
Físicamente está igualito. No le noto gran cambio. Creo que yo soy más distinta a hace seis años. Sigue vistiéndose igual. Recorrimos casi el mismo camino que en esos años, y si no me hubiera visto en el reflejo de las puertas del metro, sentí como si estuviera teniendo un recuerdo muy vivo.
-No puedo decir que no a un pastel, le comenté, y creo q lo sabía, en esos años le decía lo mismo; me replicó, mientras le echaba azúcar a su café, -Y a mí, como siempre, todo me gusta muy dulce. Yo también lo sabía.
Me contó lo que le pasó todo este tiempo. Sabías que me drogaba desde que estaba contigo. Sí, le confirme. Sólo que nunca me atreví a preguntar por el miedo a que me lo confirmara.
Después del día en que no pude más y sentía casi como carga nuestra relación y decidí terminar, el camino que él recorrió fue muy difícil. Centros de reclusión, más problemas con su familia, soledad y una relación sentimental destructiva fueron las constantes estos años.
Le pedí perdón por alejarme de él en lugar de tratar de ayudarlo. Yo sabía que tenía problemas y poco a poco me convertí en su madre. Quería protegerlo, le daba jalones de orejas, le explicaba las esperanzas que tenía en que saliera adelante (en ese momento sólo me refería al trabajo), y nunca funcionó. Cuando le escurría sangre de la nariz me decía que porque había jugado basquet y se había lastimado... y yo hacía que le creía...
Un día me cansé de eso. Le dije que no podíamos continuar con nuestra "relación", que estaba muy desgastada y que era mejor separarnos. El lo aceptó. Nos abrazamos por última vez y se fue. Eran las 12 de la noche, todavía lo recuerdo, porque ese día me había armado de valor y aunque la conversación se alargó más de lo que calculé, quería acabar de una vez.
Traté de olvidarlo y lo logré. Pero hace un tiempo repasé nuestra relación. Creí que nos habíamos querido muchísimo y que yo había tenido miedo de ayudarlo a salir de la dependencia a las drogas. E incluso pensé que después de la ruptura se habría metdio más cosas...
Por eso le pedí perdón. Huí porque no supe como enfrentar eso. Preferí darme la vuelta y dejarlo con sus broncas. No quería inmiscuirme más en eso.
Me contestó que no tenía nada que perdonarme, que todo pasa por algo y que no era mi obligación en ese momento echarme a cuestas problemas que no me había buscado.
Tal vez sea cierto, pero no dejé de sentirme mal.
Después me pidió perdón porque nunca sintió la confianza suficiente para contarme lo que sentía y después de todo lo que le pasó, descubrió que había confundido amor con necesidad. No me amaba como me decía, me necesitaba. -Necesitaba verte, aunque a veces fuera para discutir.
Ahora lo entiendo, quería ser escuchado, yo lo escuchaba; necesitaba ser querido, yo lo quería... Era dependiente de mí. No es fácil escuchar una confesión así, y supongo que para él no fue fácil descubrirlo.
Superó lo de las drogas, dijo que no había tenido el valor de verme a la cara porque en estos años nunca estuvo bien. Ahora, dice, está rehabilitado, luchando día a día contra eso y contra las mismas condiciones que cuando tenía 17: la soledad y desconfianza.
Ahora yo no estoy pasando por mi mejor momento y le conté muchas cosas. Me veía de forma rara y me dijo que me conocía tanto, que sabía lo que había luchado por las cosas y que por eso era su ejemplo. Tampoco es fácil escuchar eso, pero se lo agradecí.
Era de madrugada ya; después del café, platicamos afuera de mi casa otras dos horas sin darnos cuenta, como antes. Nos dimos un abrazo muy fuerte, me dijo que si necesitaba algo sólo lo llamara, y nuevamente lo vi alejarse. Con una mochila en la espalda, con una chamarra y zapatos de su marca favorita, Nike, con una gorra azul (también ese es su color favorito), pero ahora con 26 años de vida y la experiencia de un camino demasiado pedregoso.
Sí, al mismo que un día vi desaparecer de entre la calle. Con el que compartí cosas lindas cuando fuimos novios. Estuvo durante parte de la prepa y principio de la universidad conmigo.
Fue muy curioso que a él sí me lo haya encontrado un par de veces en la calle sin desearlo si quiera. No porque hayamos terminado mal, sino porque me recordaba mi cobardía. Cuando nos veíamos, afortunadamente, cada quien estaba acompañado, y sólo cruzabamos miradas y sonreíamos.
En estos años, seis para ser exactos, nunca dejó de llamarme por teléfono. A veces cada seis meses, a veces cada año. Escucharlo me hacía preguntarme si su llamada era porque estaba muy bien, o porque se sentía muy mal. Sólo me preguntaba cómo estaba, que estaba haciendo, y yo le respondía y le decía que se cuidara mucho. Las conversaciones no duraban más de cinco minutos.
Hace un mes recibí otra llamada que, supuse, era igual que las anteriores; esa vez me pidió mi número de celular. Dos días después recibí el primer mensaje y después de un poco de chateo me pidió que nos viéramos. La poco coincidencia en nuestros tiempos a penas nos permitió el encuentro el sábado pasado.
No se cómo describirlo, pero fue muy raro. Una mezcla de alegría, nostalgia, miedo...
Físicamente está igualito. No le noto gran cambio. Creo que yo soy más distinta a hace seis años. Sigue vistiéndose igual. Recorrimos casi el mismo camino que en esos años, y si no me hubiera visto en el reflejo de las puertas del metro, sentí como si estuviera teniendo un recuerdo muy vivo.
-No puedo decir que no a un pastel, le comenté, y creo q lo sabía, en esos años le decía lo mismo; me replicó, mientras le echaba azúcar a su café, -Y a mí, como siempre, todo me gusta muy dulce. Yo también lo sabía.
Me contó lo que le pasó todo este tiempo. Sabías que me drogaba desde que estaba contigo. Sí, le confirme. Sólo que nunca me atreví a preguntar por el miedo a que me lo confirmara.
Después del día en que no pude más y sentía casi como carga nuestra relación y decidí terminar, el camino que él recorrió fue muy difícil. Centros de reclusión, más problemas con su familia, soledad y una relación sentimental destructiva fueron las constantes estos años.
Le pedí perdón por alejarme de él en lugar de tratar de ayudarlo. Yo sabía que tenía problemas y poco a poco me convertí en su madre. Quería protegerlo, le daba jalones de orejas, le explicaba las esperanzas que tenía en que saliera adelante (en ese momento sólo me refería al trabajo), y nunca funcionó. Cuando le escurría sangre de la nariz me decía que porque había jugado basquet y se había lastimado... y yo hacía que le creía...
Un día me cansé de eso. Le dije que no podíamos continuar con nuestra "relación", que estaba muy desgastada y que era mejor separarnos. El lo aceptó. Nos abrazamos por última vez y se fue. Eran las 12 de la noche, todavía lo recuerdo, porque ese día me había armado de valor y aunque la conversación se alargó más de lo que calculé, quería acabar de una vez.
Traté de olvidarlo y lo logré. Pero hace un tiempo repasé nuestra relación. Creí que nos habíamos querido muchísimo y que yo había tenido miedo de ayudarlo a salir de la dependencia a las drogas. E incluso pensé que después de la ruptura se habría metdio más cosas...
Por eso le pedí perdón. Huí porque no supe como enfrentar eso. Preferí darme la vuelta y dejarlo con sus broncas. No quería inmiscuirme más en eso.
Me contestó que no tenía nada que perdonarme, que todo pasa por algo y que no era mi obligación en ese momento echarme a cuestas problemas que no me había buscado.
Tal vez sea cierto, pero no dejé de sentirme mal.
Después me pidió perdón porque nunca sintió la confianza suficiente para contarme lo que sentía y después de todo lo que le pasó, descubrió que había confundido amor con necesidad. No me amaba como me decía, me necesitaba. -Necesitaba verte, aunque a veces fuera para discutir.
Ahora lo entiendo, quería ser escuchado, yo lo escuchaba; necesitaba ser querido, yo lo quería... Era dependiente de mí. No es fácil escuchar una confesión así, y supongo que para él no fue fácil descubrirlo.
Superó lo de las drogas, dijo que no había tenido el valor de verme a la cara porque en estos años nunca estuvo bien. Ahora, dice, está rehabilitado, luchando día a día contra eso y contra las mismas condiciones que cuando tenía 17: la soledad y desconfianza.
Ahora yo no estoy pasando por mi mejor momento y le conté muchas cosas. Me veía de forma rara y me dijo que me conocía tanto, que sabía lo que había luchado por las cosas y que por eso era su ejemplo. Tampoco es fácil escuchar eso, pero se lo agradecí.
Era de madrugada ya; después del café, platicamos afuera de mi casa otras dos horas sin darnos cuenta, como antes. Nos dimos un abrazo muy fuerte, me dijo que si necesitaba algo sólo lo llamara, y nuevamente lo vi alejarse. Con una mochila en la espalda, con una chamarra y zapatos de su marca favorita, Nike, con una gorra azul (también ese es su color favorito), pero ahora con 26 años de vida y la experiencia de un camino demasiado pedregoso.
Chabe...
Como escribió Braulio Peralta en Postales desde la India, este fin de semana en Confabulario: "los escritos que no se escriben suelen marchitarse", hoy no quiero que se queden sólo en un rincón de mi memoria.
Chabe tuvo un accidente el sábado pasado. Nos enteramos el domingo, minutos antes de la boda de Dianis. Para empezar, la disyuntiva de acompañar en uno de los momentos más importantes de su vida a una amiga tan querida, y por otro no saber a ciencia cierta las condiciones en las que estaba otra amiga querida y no saber a dónde ir, nos puso en un momento difícil.
Pero estando en urgencias, Chabe no podía recibir visitas, sólo que estabamos muy mortificados pues no sabíamos cómo había ocurrido el accidente.
Obviamente nadie disfrutó plenamente la felicidad de una pareja de recién casados, de una de nuestras grandes amigas, porque nuestra mente estaba en un cuarto de hospital.
Hoy deducimos que, para variar, la imprudencia de un chofer de transporte público originó el accidente. Una mujer, la madre de un bebé que en ese momento llevaba en brazos, murió. Lo supimos un par de días después. Chabe y Ana sólo resultaron mayugadas, y a Dios gracias, no se rompieron nada. Están enteritas.
Obviamente no es grato ver a tu amiga con un collarín, pero creo q afortunadamente está muy bien para las marometas que dio la combi en la que iba.
El primer día que la vi, parecía muy tranquila, contando su aventura con tono chusco y amable. (Pero sigo insistiendo que nada tiene de chusco y amable). Sigo creyendo que eso era el salvavidas al que se aferraba para no quebrarse frente a los demás.
El sábado fui nuevamente a verla. A solas, mostró la fragilidad que el accidente le dejó. Aunque creo que ella es tan fuerte que por supuesto saldrá adelante y superará, como todo, este incidente.
Platicamos sobre lo tremendamente vulnerables que somos, como especie humana; sobre lo fácil que a veces nos parece estar sanos, caminar, salir a chupar sin más que la intención de pasar bien el momento y saber que llegaremos a nuestra casa y lo más que tendremos al otro día será una cruda insorportable y con la consigna de esconderla para no vernos tan mal como nos sentimos.
En efecto, no habíamos tenido un caso así entre nuestro grupo de amigos, y yo, ni siquiera en mi familia. Esto es una sacudida para todos. Obviamente más para ella.
Nos tenemos que cuidar más, me dijo. Por supuesto, le contesté. Pero además de eso, continué, debemos agradecer por lo que tenemos. Porque diario nos despertamos, vamos corriendo al trabajo, comemos, olemos, platicamos, subimos, bajamos escaleras, discutimos, llegamos a casa nuevamente; los fines de semana tomamos, bailamos, reimos; hacemos planes para el siguiente fin, para el mes siguiente, para cuando nos titulemos, para la siguiente nota, entrevista, para cuando algún otro se case, para viajar... Para todo eso necesitamos salud. Salud en nuestros ojos, piernas, manos... hasta la uña del dedo gordo del pie es tan necesario como el corazón.
Tal vez seríamos mazoquistas si entre nuestros planes estuviera un accidente, pero tan nunca lo pensamos si quiera, que creemos que nunca nos pasará, que respirar, es tan normal porque siempre lo hemos. No valoramos lo importante que es cada día. Es tan difícil cambiar de posición cuando una parte de cuerpo está herido...
Ese mismo sábado pase, en metro, por el lugar del accidente. No pude observar más de dos segundos. Me llené de miedo, me dolió la panza.
No quiero imaginar lo que ellas sienten cada vez que la luz de su cuarto se apaga...
Chabe tuvo un accidente el sábado pasado. Nos enteramos el domingo, minutos antes de la boda de Dianis. Para empezar, la disyuntiva de acompañar en uno de los momentos más importantes de su vida a una amiga tan querida, y por otro no saber a ciencia cierta las condiciones en las que estaba otra amiga querida y no saber a dónde ir, nos puso en un momento difícil.
Pero estando en urgencias, Chabe no podía recibir visitas, sólo que estabamos muy mortificados pues no sabíamos cómo había ocurrido el accidente.
Obviamente nadie disfrutó plenamente la felicidad de una pareja de recién casados, de una de nuestras grandes amigas, porque nuestra mente estaba en un cuarto de hospital.
Hoy deducimos que, para variar, la imprudencia de un chofer de transporte público originó el accidente. Una mujer, la madre de un bebé que en ese momento llevaba en brazos, murió. Lo supimos un par de días después. Chabe y Ana sólo resultaron mayugadas, y a Dios gracias, no se rompieron nada. Están enteritas.
Obviamente no es grato ver a tu amiga con un collarín, pero creo q afortunadamente está muy bien para las marometas que dio la combi en la que iba.
El primer día que la vi, parecía muy tranquila, contando su aventura con tono chusco y amable. (Pero sigo insistiendo que nada tiene de chusco y amable). Sigo creyendo que eso era el salvavidas al que se aferraba para no quebrarse frente a los demás.
El sábado fui nuevamente a verla. A solas, mostró la fragilidad que el accidente le dejó. Aunque creo que ella es tan fuerte que por supuesto saldrá adelante y superará, como todo, este incidente.
Platicamos sobre lo tremendamente vulnerables que somos, como especie humana; sobre lo fácil que a veces nos parece estar sanos, caminar, salir a chupar sin más que la intención de pasar bien el momento y saber que llegaremos a nuestra casa y lo más que tendremos al otro día será una cruda insorportable y con la consigna de esconderla para no vernos tan mal como nos sentimos.
En efecto, no habíamos tenido un caso así entre nuestro grupo de amigos, y yo, ni siquiera en mi familia. Esto es una sacudida para todos. Obviamente más para ella.
Nos tenemos que cuidar más, me dijo. Por supuesto, le contesté. Pero además de eso, continué, debemos agradecer por lo que tenemos. Porque diario nos despertamos, vamos corriendo al trabajo, comemos, olemos, platicamos, subimos, bajamos escaleras, discutimos, llegamos a casa nuevamente; los fines de semana tomamos, bailamos, reimos; hacemos planes para el siguiente fin, para el mes siguiente, para cuando nos titulemos, para la siguiente nota, entrevista, para cuando algún otro se case, para viajar... Para todo eso necesitamos salud. Salud en nuestros ojos, piernas, manos... hasta la uña del dedo gordo del pie es tan necesario como el corazón.
Tal vez seríamos mazoquistas si entre nuestros planes estuviera un accidente, pero tan nunca lo pensamos si quiera, que creemos que nunca nos pasará, que respirar, es tan normal porque siempre lo hemos. No valoramos lo importante que es cada día. Es tan difícil cambiar de posición cuando una parte de cuerpo está herido...
Ese mismo sábado pase, en metro, por el lugar del accidente. No pude observar más de dos segundos. Me llené de miedo, me dolió la panza.
No quiero imaginar lo que ellas sienten cada vez que la luz de su cuarto se apaga...
viernes, febrero 02, 2007
Boda


Y Dianis se nos casó. Ya te lo había dicho, pero lo reitero: Espero que la felicidad de ese día perdure siempre en su nueva vida. Antonio es muy buena persona y estoy segura que continuará valorándote y queriéndote como hasta ahora. Felicidades a los dos!!! Sí que se merecen el uno al otro!!!! Espero que seamos invitados a las bodas de oro!!!!!!
Después de todo...
Esta noche sí tengo ganas de escribir, aunque sea unas líneas. Esta vez es a ti. No mencionaré tu nombre, ni si quiera se si algún día lo leerás, y si lo haces tal vez dudes que sea para ti.
Hoy por primera vez pensé, con la seriedad que debí hacerlo cuando te atreviste a decirme algo (aunque ya era un poco tarde), en el “hubiera”. Aun cuando siempre he creído que el “hubiera” no existe, esta vez sí se formó en mi mente la ilusión de una película en la que sólo tenía a los actores, y el guión fue el que se me pegó la gana.
Pero la realidad fue que todo parecía marchar bien en un principio, tal vez si nuestro paso hubiese sido más acelerado en este momento nuestras vidas estarían en el mismo camino. Pero no pasó. Y algo cierto es que fue por algo. Yo aún no descubro por qué, pero creo que para ti fue el mejor acceso al aprendizaje. A ciencia cierta no se que tan bueno es lo que tiene en esa relación, pero es evidente que estás aprendido, con un poco de dolor, pero lo has hecho.
En una ocasión, platicando con una compañera diseñadora, nos contaba sobre los tipos humanos, lo cual me pareció fascinante, y entre todo, mencionó algo muy cierto: el aprendizaje se obtiene mediante el amor o el dolor. Si eres una persona que sólo dando y recibiendo amor consigues lecciones de vida… wow!!!!! Eres un ser privilegiado, y lo cierto es que la mayoría aprendemos con el dolor…
Hoy por primera vez pensé, con la seriedad que debí hacerlo cuando te atreviste a decirme algo (aunque ya era un poco tarde), en el “hubiera”. Aun cuando siempre he creído que el “hubiera” no existe, esta vez sí se formó en mi mente la ilusión de una película en la que sólo tenía a los actores, y el guión fue el que se me pegó la gana.
Pero la realidad fue que todo parecía marchar bien en un principio, tal vez si nuestro paso hubiese sido más acelerado en este momento nuestras vidas estarían en el mismo camino. Pero no pasó. Y algo cierto es que fue por algo. Yo aún no descubro por qué, pero creo que para ti fue el mejor acceso al aprendizaje. A ciencia cierta no se que tan bueno es lo que tiene en esa relación, pero es evidente que estás aprendido, con un poco de dolor, pero lo has hecho.
En una ocasión, platicando con una compañera diseñadora, nos contaba sobre los tipos humanos, lo cual me pareció fascinante, y entre todo, mencionó algo muy cierto: el aprendizaje se obtiene mediante el amor o el dolor. Si eres una persona que sólo dando y recibiendo amor consigues lecciones de vida… wow!!!!! Eres un ser privilegiado, y lo cierto es que la mayoría aprendemos con el dolor…
viernes, enero 26, 2007
Luto
enero 23, 2007
Y su cuerpo dejó de existir... y nos dejó mucho el enviado de Dios...
"Una mala persona no puede ser un buen periodista"
Y su cuerpo dejó de existir... y nos dejó mucho el enviado de Dios...
"Una mala persona no puede ser un buen periodista"
Ryszard Kapuscinski
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