jueves, diciembre 15, 2005

Maya Vinic

La inclusión de una cooperativa dentro de un mundo globalizado parece una lucha de David contra Goliat. Un grupo al que las estadísticas lo señalan como marginal, ha sido capaz de crear una infraestructura empresarial que incluso fue galardonada con el Premio de Derechos Humanos, Francia 2001, además de exportar a Estados Unidos. Son cafeticultores tzotziles de 36 comunidades de Chiapas, organizados luego de la masacre de Acteal para formar Maya Vinic.
Nayeli Roldán
El 22 de diciembre es de luto. En 1997 fue asesinado el tío de Faustina, mientras oraba con 44 personas más, incluyendo mujeres y niños, en Acteal. "Estaban muy cerca de la carretera, por eso entraron fácilmente los paramilitares. Fue una situación terrible", recuerda Faustina Gómez , quien entonces tenía 12 años.
Cinco años antes habían sufrido otra agresión en Tzajalchen del municipio de Chenalhó. Desconocidos agredieron a una familia. Violaron a las mujeres, mataron a una persona y dos más resultaron gravemente heridos.
Debido a la confusión, una autoridad municipal arrestó a cinco miembros de esa comunidad. "Oramos mucho para pedir por su libertad", dice Tina. Se organizaron e hicieron una peregrinación de Yabteclum hacia San Cristóbal de las Casas. A partir de ese hecho se dieron cuenta que podían formar un grupo al que nombraron: Pueblo creyente.
Sin embargo, menciona Lázaro Arias, "cuando llegaron periodistas y defensores de derechos humanos nos preguntaban el nombre de nuestro grupo, entonces pensamos en otros". Hormigas, mariposas, eran las propuestas. Las Abejas fue el definitivo, porque "trabajan unidos y si no las molestan están tranquilos". Finalmente los presos fueron liberados. La primera victoria.
Se conformaron como sociedad pacifista y neutral. Demandan educación y vida digna pero sin armas. "Aunque así como el gobierno tiene sus ejércitos, nosotros sentimos que el EZLN es el nuestro", comenta Tina. En principio eran trece comunidades, ahora son 36, pertenecientes a los municipios de Chenalhó, Pantelhó, Chalchihuitán y Tenejapa.
Luego de la masacre de Acteal fueron desplazados de sus comunidades. Lázaro, por ejemplo, vivía en Yaxchemel se fue a Ixzoyec. No podían cosechar en sus lugares de origen pero había que seguir adelante, volver a empezar en otro municipio. "Nos quedamos sin nada y con el dolor de esas muertes", expresa Tina.
Cooperativa Tzotzil
En julio e 1999 se reunieron los integrantes para "analizar su caminar, el futuro de su comunidad". Se dedicaban a la caficultura y concluyeron que el precio al que vendían era injusto. Seis pesos les pagaban por cada kilogramo, o el chibola por 20 centavos. "Era un abuso por parte de los coyotes (intermediarios)", comenta el actual integrante de la mesa directiva, Lázaro Arias. "Si seguimos vendiendo con los coyotes, nunca podremos reconstruir una casa porque no lo compran a buen precio", era el razonamiento de los integrantes de la comunidad.
Bajo este pensamiento y con el apoyo de personas como Gloria Sesma, ahora encargada de la comercialización en la capital del país, formaron una unión de productores dedicadas, sobre todo, a la cosecha de café y a la confección de artesanías. Las Abejas dio a luz la cooperativa Maya Vinic, que significa hombre maya tzotzil. Su eje de organización está basado en la justicia, es decir, repartir el trabajo y ganancias de manera justa.
Comenzaron operaciones en 2000. Pidieron ayuda para poder cosechar y mantenerse a resguardo de los grupos paramilitares. Formaron brigadas que integraban un representante de derechos humanos del Chiapas, uno del gobierno de Chenaló, de la organización Fray Bartolomé y uno de Abejas. Todos acompañaban a los maya vinic para sembrar y levantar la cosecha hasta llegar a la orilla de la carretera.
La primera vez que se vendió este café en la Ciudad de México fue gracias a Gloria Sesma, quien vivía en Chiapas con los indígenas tzoziles. Llegó con 10 kilos de café en bolsas de papel estraza, comenzó vendiéndolo a quienes iban a visitarla al hospital después de una intervención quirúrgica. Poco a poco comienzan a vender más y se dan cuenta que necesitaban de una estructura para poder competir. En San Cristóbal de las Casas hay mucha variedad de café, y también existen otras organizaciones que aunque literalmente son competencia, se ayudan entre sí. Con ellas han formado una red "porque todos somos hermanos", dice Tina.
Pero la situación no fue fácil en un principio, sobre todo porque confiaron en una persona que lejos de ayudar, les robó. Una mujer llegó a la comunidad argumentando que compraría toda la cosecha a la cooperativa. "Llevaron el café al local de la supuesta empresa pero un día ella desapareció llevándose los sacos de café y sin pagarles nada". Relata Gloria. Debido a eso, desertaron 100 miembros de la organización.
Actualmente la cooperativa está integrada por más de 500 pequeños productores. Estos corresponden a los ocho o diez integrantes de cada familia de las 36 comunidades. Entre hermanos, sobrinos o abuelos se reparten el trabajo porque el dinero que obtienen en la cosecha, de noviembre a marzo, les servirá para el resto del año. El dinero obtenido depende del número de parentela, la familia de Tina, por ejemplo gana cinco mil pesos en una cosecha. No obstante, existe más gente que dependen de este producto. Pues también se comercializa en Cancún, Torreón, Guadalajara, DF y otros estados.
Chiapas internacional
El inicio del nuevo siglo fue excelente para la organización. El dicho de no ser profeta en su tierra, se cumple a medias. Porque si bien recibieron una importante mención en el extranjero y otras en nuestro país, la cooperativa no puede tener la publicidad de las grandes empresas para dar a conocer el producto.

En diciembre de 2001, el gobierno francés le otorgó a la cooperativa el Premio de Derechos Humanos, Francia 2001. Por la lucha pacífica contra el racismo y la explotación que ha realizado "Las Abejas", a través del proyecto comunitario de desarrollo de producción y comercialización del café orgánico Maya Vinic - Las Abejas.
Fue la primera ocasión que una organización mexicana recibe de manos del Presidente francés esta distinción. Y a pesar de que la prensa de ese país le otorgó un espacio a los galardonados, en México no sucedió lo mismo.
En la cosecha de ese mismo año la unión comercializadora fue certificada como productor orgánico de café, con el aval de la Certificadora Mexicana de Productos y Procesos Ecológicos, S. C. (CERTIMEX). Los técnicos de ésta última realizaron una exhaustiva revisión para comprobar que durante el proceso de producción no se utilicen agroquímicos. En su lugar recurren a la composta, porque su trabajo está regido bajo el precepto de conservación de la tierra y del agua. "Cosechamos, cortamos y limpiamos el café gracias al permiso de la madre Tierra, por eso no la podemos agredir", sentencia Lázaro Arias.
Otra de las razones de trabajar de manera orgánica es porque todo es un ciclo de vida. "Le damos vida a la tierra y ella también nos da". En cada sorbo de café está un poco de la naturaleza, expresa el integrante de la mesa directiva.
Durante 2002, lograron relacionare con otra empresa, ésta de origen norteamericano. Tamibién comercializadora de café orgánico: Coperative cofee. El año pasado le vendieron un contenedor con 275 sacos, equivalentes a 18 mil kilogramos. No obstante, dicha exportación ha sido más cuantiosa en otros años.
El mandato del pueblo
Las abejas realizan asambleas generales dos o tres veces al año. Cada dos eligen, por mayoría de votos, incluyendo mujeres, a 35 personas para integrar la mesa directiva. Son seleccionados de acuerdo a sus características. Forman comisiones de comercialización, arbitraje, educación, o hasta de radio comunitaria. Hablar español además del maya constituye una gran ventaja, sobre todo "que sepa caminar en la ciudad, para que toque puertas porque solos no vamos a poder", comenta Faustina, quien forma parte de la comisión de mujeres.
El cargo en la mesa de trabajo es un mandato. Se traduce en una gran responsabilidad a la que no se pueden negar. Lázaro recientemente fue nombrado encargado de comercialización. "Saben que conozco la ciudad (de México) porque por temporadas iba a trabajar de albañil. Tengo dos meses con la manda, a penas le estoy agarrando la idea. Estoy muy preocupado porque ahora como directiva no se que voy a hacer pues ya no podré sembrar, sólo está en la cosecha mi esposa. El dinero no me alcanza, confiesa.
Los demás miembros de la comunidad apoyan a quienes fueron escogidos pues la tarea requiere de tiempo completo y abandonan un poco su propia cosecha. Así, si el único hombre de una familia obtuvo un cargo y los demás miembros son mujeres o niños los demás maya vinic se organizan para ayudar en sus tierras.
Asimismo, las mujeres no sólo trabajan en los cafetales, sino también tienen a su cargo otra cooperativa: Maya Anfetic, dedicada a la confección de blusas, faldas y rebozos en telar de cintura. A veces, dependiendo del tipo de bordado, pueden tardarse más de cuatro meses en una prenda.
Desde septiembre de 2002, Maya Vinic obtuvo el sello alemán de Comercio Justo Internacional FLO-I. Este certifica que la organización trabaja y se administra con criterios de justicia social y eficacia empresarial.
El comercio justo se traduce a un precio equivalente al trabajo. Fabián Trejo asegura que la causa del alto precio del café Maya Vinic en comparación con el de marcas comerciales es que todo el proceso del grano hasta llegar a una cafetera requiere de tiempo y esfuerzo de muchos tzotziles que no tienen toda la infraestructura de otras grandes empresas.
Aunque hace dos años compraron un camión con ayuda de "red de amor con aroma a café y gasolina", donde los miembros de la cooperativa ahorró durante un año, además de la aportación de otras comunidades cooperaron y un donativo de Gloria Sesma, el costo de traslado sigue siendo costoso. De Chiapas a la Ciudad de México se gasta diez mil 500 pesos, entre combustible y gasolina. También, explica Lázaro, es necesario pagar la maquila, es decir, moler y tostar el café. El precio de 70 por kilogramo gourmet y 55 pesos el tradicional es el resultado de la ganancia "sobre el movimiento", es decir, el trabajo de producción.
La idea es crecer y además apoyar a otras personas. La generosidad debe mostrarse en todo momento. Faustina recuerda que cuando pasó el huracán Wilma por tierra chiapaneca "mandamos frijol, café, arroz y aunque sea poquito dinero para nuestros hermanos que cayeron en desgracia". Y para quienes compran y revenden también les dan un precio especial, para que puedan ganar un poco, sin sobre pasar el precio establecido.
Fabián, también distribuidor, asegura que "estamos en una competencia desleal dentro del capitalismo, pero estamos dentro, así que con toda la dignidad y con toda nuestra inteligencia tratamos de sacar adelante este proyecto, dándole un pago justo a quien más trabaja.
Así, contrario a ver la globalización como un adversario, significa una herramienta. En ese sentido, hacen uso de internet. Están comunicados con el mundo. En la página
www.mayavinic.com se lee: Nuestro caminar está aportando elementos a la paz en Chiapas, como una respuesta neutral, pero al mismo tiempo comprometido con el caminar de otros hermanos indígenas que buscan una paz con justicia y dignidad y fruto del amor.
La vida está conformada por ciclos. Maya Vinic nació con la intención de revelarse ante la tragedia de una masacre, ahora su centro de reuniones es precisamente la "Tierra Sagrada de los Mártires de Acteal". Y David quiere seguir luchando, alejando, con su trabajo, la idea del desprecio o las dádivas.




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