lunes, febrero 27, 2006
65
Los números sirven, obviamente, para cuantificar todo lo existente, desde la galaxia hasta las bacterias.
La noticia que tuvo a todo el país atento al televisor también está cuantificada: 65 personas murieron. 65 hombres que fueron sepultados minutos antes de morir. El gas metano fue letal. De la hora en que murieron no existe registro exacto, pero tampoco lo hay del dolor, ese no se mide. No puede sufrir más una viuda que un hijo, un padre o un hermano de alguno de los que ahí perecieron, porque la pérdida se siente no se mide. Esto también seguirá en la memoria de cada habitante de San Juan de Sabinas que conoció a aquellos mineros que no tenían otra opción más que arriesgar su vida y tener que trabajar con la zozobra de un día no salir con vida de la mina, como sucedió alguna vez con sus padres o vecinos.
Tal vez cualquiera se pregunta por qué trabajaban ahí. No hay otra explicación más que la necesidad, porque el hambre tampoco se puede contar. Necesitaban sobrevivir, auque fuese con ese indignante y ofensivo sueldo de cien pesos por día. Pero su vida no valía eso, su vida no valía la indemnización que el gobierno “supervisará” que le llegue a cada una de las familias afectadas (en todo caso, hubieran supervisado las medidas de seguridad y tal vez seguirían vivos), la sonrisa de sus hijos no vale eso.
Y qué pasará después, cuando los reflectores de los medios encuentren otra cosa que presentar a ocho columnas y apertura de los noticieros de televisión y radio? Que pasarán en otros 35 años en que se presente otra “nota” como esta, y las condiciones de trabajo de mineros, de los miles que trabajan en maquiladoras y en el campo que sufren explotación, marginación y condiciones de trabajo deplorables? Es cierto que tal vez si no fuera precisamente por los medios muchos no nos enteraríamos del nivel de vida que hay en pueblos como San Juan de Sabinas, pero también es cierto que después de un tiempo la tragedia se olvida. Ni los medios ni los espectadores exigimos seguimiento.
Cavarán 65 fosas y venderán 65 ataúdes. Eso sí se puede contar e incluso convertirlo a pesos, pero son 65 personas que tienen nombre y apellido. 65 historias. 65 familias vieron partir a un hombre a su habitual jornada de trabajo, 65 hogares recibieron la fatal noticia siempre temida y ese domingo, inesperada. 65 mujeres perdieron a su esposo, a su hijo. Ese dolor no se mide.
Y ahí está Fox diciendo que Oportunidades llegó a 5 millones de familias, (porque él si le cree a los números que le gustan, desde, incluso, antes de entrarle a la política) mientras que en regiones como la de Coahuila no hay otra opción que arriesgar la vida para comer. Claro, mientras su trabajo enriquece a los dueños de una industria tan redituable como el carbón, pero a esos el gobierno sí los deja actuar, al igual que a los muchos Kamel Nacif que debe haber en toda la república, esos que aportan dinero para las campañas y sus políticos, además “generan empleos”, aunque sea de esos bajo tierra.
Y ahí está “el mesías” repartiendo dádivas a los ancianos y discapacitados aunque esos 700 pesos sirvan de momento y después regresar a las carencias de todos los días. Ahí están los políticos y su demagogia para llegar “a la grande”. No deberían mirar hacia Los Pinos, porque sólo una familia en México vive ahí, sino a partes de la ciudad como Chimalhuacán, Iztapaluca, al Estado de México, Guerrero, Chiapas, San Juan de Sabinas… ahí donde de verdad está la gente que trabaja, que sabe lo que significa ganar peso a peso, que puede sobrevivir con 100 pesos al día…
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