Ayer nuevamente me conmocioné después de escuchar la declaración que hizo Diego Santoy en la que cuenta cómo dejó gravemente herida a su novia y mató a unos hermanitos de tres y siete años.
Y al igual que Juana Barraza, “la Mataviejitas” y “el Sádico”, que mataba a homosexuales, o más atrás con “el Mochaorejas”, se muestra tan indiferente cómo si su crimen fuese igual de insignificante que aplastar a una mosca.
Los asesinatos son terribles e indignantes, y perpetrados por gente que parecía “normal”, si ese término se pudiera entender como una persona civilizada conciente de sus actos. Pero lo que está de tras de estos personajes, que creo deben haber miles, es la muestra de las patologías sociales.
Tan mal está la sociedad que es capaz de alimentar la saña, el rencor, indiferencia o crueldad en personas como esas. Ahí no importó la clase social. Se sabe acerca de la vida de Barraza y, por supuesto, no fue nada fácil, pero eso no es razón desquitarse de todo aquel que le representara su doloroso recuerdo.
De Santoy no se sabe mucho. A juzgar por algunos datos, su economía era bastante acomodada. ¿Qué lo llevó a matar?
Estoy releyendo la estupenda obra de Capote, A sangre fría, y me impactó igual que la primera vez. Los asesinos de la familia Clutter, si bien no eran dementes, sí tenían una perturbación en la psique. Sucesos que afectaron el desarrollo de su personalidad y por ende, los convirtieron en una olla de presión que en algún momento tenía que encontrar la fuga. Sus padres no eran criminales, ni psicópatas, sólo tenían una familia disfuncional.
Según la psicóloga Cristy Aguilar, la personalidad es claramente afectada por la familia. Cuando el niño crece buscan relaciones dependientes, destructivas, enfermizas. Tal vez el extremo de esta situación son las apariciones de asesinos y otros criminales igual o más crueles.
Esos y otros asesinos no vienen de otro planeta, son vecinos de cualquier colonia, asistieron alguna vez a la escuela, hacían muchas de las actividades que el resto de la población, entonces ¿qué pasó?, ¿qué les hizo cometer esos atentados contra otro se humano?, ¿qué caldo de cultivo se está produciendo?, ¿cómo es que se alimenta tanto resentimiento social?
Pero para entender estos casos, sólo hay que echar un vistazo a la violencia intrafamiliar, las agresiones contra las mujeres —no sólo la física—, abuso sexual hacia niños —esos que son el futuro, pero que fueron dañados desde el inicio de su vida—, la intolerancia hacia las diferencias, llámese sexual o de ideas.
Es cierto, el cambio está en la parte más pequeña de la sociedad: la familia.
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1 comentario:
interesante
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