lunes, febrero 05, 2007

Chabe...

Como escribió Braulio Peralta en Postales desde la India, este fin de semana en Confabulario: "los escritos que no se escriben suelen marchitarse", hoy no quiero que se queden sólo en un rincón de mi memoria.

Chabe tuvo un accidente el sábado pasado. Nos enteramos el domingo, minutos antes de la boda de Dianis. Para empezar, la disyuntiva de acompañar en uno de los momentos más importantes de su vida a una amiga tan querida, y por otro no saber a ciencia cierta las condiciones en las que estaba otra amiga querida y no saber a dónde ir, nos puso en un momento difícil.
Pero estando en urgencias, Chabe no podía recibir visitas, sólo que estabamos muy mortificados pues no sabíamos cómo había ocurrido el accidente.
Obviamente nadie disfrutó plenamente la felicidad de una pareja de recién casados, de una de nuestras grandes amigas, porque nuestra mente estaba en un cuarto de hospital.
Hoy deducimos que, para variar, la imprudencia de un chofer de transporte público originó el accidente. Una mujer, la madre de un bebé que en ese momento llevaba en brazos, murió. Lo supimos un par de días después. Chabe y Ana sólo resultaron mayugadas, y a Dios gracias, no se rompieron nada. Están enteritas.
Obviamente no es grato ver a tu amiga con un collarín, pero creo q afortunadamente está muy bien para las marometas que dio la combi en la que iba.
El primer día que la vi, parecía muy tranquila, contando su aventura con tono chusco y amable. (Pero sigo insistiendo que nada tiene de chusco y amable). Sigo creyendo que eso era el salvavidas al que se aferraba para no quebrarse frente a los demás.
El sábado fui nuevamente a verla. A solas, mostró la fragilidad que el accidente le dejó. Aunque creo que ella es tan fuerte que por supuesto saldrá adelante y superará, como todo, este incidente.
Platicamos sobre lo tremendamente vulnerables que somos, como especie humana; sobre lo fácil que a veces nos parece estar sanos, caminar, salir a chupar sin más que la intención de pasar bien el momento y saber que llegaremos a nuestra casa y lo más que tendremos al otro día será una cruda insorportable y con la consigna de esconderla para no vernos tan mal como nos sentimos.
En efecto, no habíamos tenido un caso así entre nuestro grupo de amigos, y yo, ni siquiera en mi familia. Esto es una sacudida para todos. Obviamente más para ella.
Nos tenemos que cuidar más, me dijo. Por supuesto, le contesté. Pero además de eso, continué, debemos agradecer por lo que tenemos. Porque diario nos despertamos, vamos corriendo al trabajo, comemos, olemos, platicamos, subimos, bajamos escaleras, discutimos, llegamos a casa nuevamente; los fines de semana tomamos, bailamos, reimos; hacemos planes para el siguiente fin, para el mes siguiente, para cuando nos titulemos, para la siguiente nota, entrevista, para cuando algún otro se case, para viajar... Para todo eso necesitamos salud. Salud en nuestros ojos, piernas, manos... hasta la uña del dedo gordo del pie es tan necesario como el corazón.
Tal vez seríamos mazoquistas si entre nuestros planes estuviera un accidente, pero tan nunca lo pensamos si quiera, que creemos que nunca nos pasará, que respirar, es tan normal porque siempre lo hemos. No valoramos lo importante que es cada día. Es tan difícil cambiar de posición cuando una parte de cuerpo está herido...

Ese mismo sábado pase, en metro, por el lugar del accidente. No pude observar más de dos segundos. Me llené de miedo, me dolió la panza.
No quiero imaginar lo que ellas sienten cada vez que la luz de su cuarto se apaga...

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