lunes, octubre 31, 2005

Eutanasia

El debate sobre la despenalización de la eutanasia despertó nuevamente polémica. El Estado y los principios religiosos tienen distintos argumentos, sin embargo, quien podría emitir una opinión o decisión sobre esto son los propios enfermos y sus familias. La discusión se centra en el derecho a decidir por una muerte digna.

Nayeli Roldán

Tenía 48 años y le diagnosticaron cáncer de mama. Laura decidió enfrentar la enfermedad con valentía; quería y luchaba por vivir. Pasaron seis años y con ellos las quimioterapias, radioterapias, una masectomía además de dolor para ella y su familia.
Su cuerpo alojó a miles de células cancerígenas. La metástasis invadió los pulmones, el cerebro, las vísceras, el sistema óseo y la piel. Pero gracias a los tratamientos médicos podía llevar una vida
"casi normal".
Un día ya el cáncer no le permitió levantarse de su cama. Los estragos de la enfermedad en su piel requería de curaciones constantes y lastimosas. El medicamento para evitar los malestares dejó de surtir efecto. "Llegamos a duplicarle o triplicarle la dosis. Ésos últimos meses fueron terribles", recuerda su hija Alejandra.
Los dolores fueron incesantes. La desesperación y la impotencia permanecieron en toda su familia, pero siempre estuvieron cuidándola.
Hicieron todo cuanto se pudo. Alejandra afirma que buscó incluso en la medicina natural posibles remedios, "pero un día el médico me comentó de una droga capaz de quitarle el dolor a mi mamá, pero prohibieron su venta en nuestro país y en Estados Unidos porque contenía pequeñas dosis de arsénico, mismo que provocaría la muerte del paciente, y el doctor le refirió: ‘¿acaso el cáncer no está haciendo lo mismo?’".
Cuando Laura estaba en etapa terminal le dijo a su hija que ya no podía soportar más la agonía, que ya no le administraran ninguna droga. Llegó a decir, recuerda Alejandra, que quería comprar veneno para ratas y tomarlo para así acabar con su vida. Le pidió a su doctor que le suministrara algo para morir. Él le respondió que no podía hacerlo porque se metería en problemas y su función era salvar la vida, más no quitarla.
Cuando Alejandra escuchaba esos deseos de su madre le argumentaba que, de acuerdo a la religión, sólo Dios tenía el poder para quitarle la vida. "Sufrió mucho". Ésa es la conclusión a cuatro meses del fallecimiento de Laura.
¿Podía Laura decidir sobre su muerte? Éste es uno de los miles de casos de enfermos terminales que podrían o no optar por la eutanasia o muerte asistida. El debate tomó mayor fuerza debido a la iniciativa de ley que presentó el diputado Víctor Varela en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.
Por otra parte, el cardenal Norberto Rivera Carrera llamó a los feligreses a la desobediencia civil en caso de que las autoridades no legislaran a favor de los derechos humanos.
El tema despertó polémica, tal vez con intenciones políticas solamente, pero es cierto que existen personas con enfermedades sumamente dolorosas y que pueden tener mayor tiempo de vida gracias a los avances médicos, pero ¿dónde está el derecho de los enfermos a decidir sobre su vida y su muerte?
El secretario de Salud, Julio Frenk Mora emitió su opinión acerca de la importancia de la libertad del enfermo a no prolongar de manera artificial su vida.
"La gente que está en el ámbito religioso podría calificar a la eutanasia como una mala decisión, pero tendrían que ponerse en los zapatos de otros porque cuando te enfrentas a esa situación quieres ayudar a tu familiar a que duerma tranquilo, a que descanse".
"Yo no tuve esa posibilidad (eutanasia), pero si hubiera tenido esa opción estoy casi segura que la hubiera aceptado porque mi mamá lo estaba pidiendo".
Aunque reconoce que aún cuando ésta práctica está penalizada sí lo consideraba como solución pero "me dio miedo porque está tu moral, la religión, tus prejuicios y me causó mucha confusión".
Alejandra menciona que cuando hay necesidad de sacrificar a animales, se les aplica una inyección para que no sufran. En el caso de las personas la eutanasia sería la posibilidad de tener una muerte tranquila, pero sólo en casos especiales.
¿A quién pertenece la vida?
Antes de enjuiciar esta práctica deben tomarse en cuenta todas las aristas ya que siendo un debate ya que en él intervienen el sentido biológico, psíquico y espiritual. Para ello primero debería definirse qué se entiende por eutanasia.
La doctora Pilar Calva, dedicada a la bioética, la define como: "una acción o una omisión que por su naturaleza o en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor. La eutanasia se sitúa, pues, en el nivel de las intenciones o de los métodos usados".
El doctor Mario Guerra, presidente de la Sociedad Española e Internacional de Tanatología en México, explica que la eutanasia puede realizarse de una manera activa: cuando le administran al paciente alguna sustancia que le provoque la muerte y pasiva: detener el tratamiento para que la enfermedad siga su curso y acabe con la vida del paciente.
Para el penalista Enrique Díaz-Aranda, quien pertenece al Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, la eutanasia no debe confundirse el con el matar a una persona porque su situación económica o de otro tipo provoque lástima, pues el móvil de dicha práctica no es la piedad.
La polémica se centra, dice, porque no hay la suficiente información. Además el costo emocional y económico que pagan los enfermos y sus familiares nadie más los puede entender, por lo tanto la discusión tendría que ser entre los implicados directos.
El investigador refiere que la pregunta es ¿de quién es la vida? Pues es igual de egoísta la posición de no importarle el sufrimiento de quienes están alrededor del enfermo, como que los familiares al mantener con vida, sin importar la calidad, al paciente.
Eutanasia se aplica solamente cuando el individuo que padece una enfermedad terminal está informado sobre los tratamientos y sus efectos que le serían aplicados y solicite de manera seria y reiterada la muerte.
El doctor Guerra también colabora en la organización Conocer para Vivir mejor, donde asiste de manera psicológica, tanatológica a enfermos terminales de manera gratuita, por lo que a decir de su experiencia: "los seres humanos somos seres biopsicosociales y espirituales. Cuando la parte biológica ya no responde nos olvidamos de los otros aspectos".
En ese sentido, primero deben agotarse todas las posibilidades, es decir atacar los dolores pero sobre todo el sentimiento de abandono y soledad del paciente. Cuando un enfermo pide una muerte asistida, "hay que revisar qué lo mueve a eso".
El factor emocional es de suma importancia y "desafortunadamente en México el área de cuidados peliativos (filosofía que encierra el concepto de morir con dignidad, que debe ocurrir en su momento, sin acelerarla, pero tampoco alargarla inútilmente y de una forma cruel, logrando esto con la ayuda de enfermeras, doctores, trabajadores sociales, psicólogos y voluntarios) están abandonados. En la clínica del dolor, por ejemplo, se administran medicamentos precisamente para superar el dolor físico pero no hay acompañamiento al ser humano ni a su familia".
De esta forma, aún cuando se le haya ayudado al enfermo en el campo médico, social y espiritual, y esto ya no le es suficiente, y el individuo sigue insistiendo en terminar con su vida surge el argumento religioso de que el camino para llegar al cielo es el sufrimiento. "¿Pero qué pasa cuándo nada de esto le es suficiente"?.
"No se trata de que la eutanasia sea obligatoria sino de la potestad del individuo que tenga una enfermedad y sepa que el tiempo que le quede de vida será de agonía. Aunque se argumenta que los dolores son mitigables gracias a diversos tratamientos también es cierto que hay enfermedades incurables", sostiene el investigador Díaz-Aranda.
De acuerdo a casos como el de Alejandra y su mamá, donde el motivo para pensar en la eutanasia es el dolor y sufrimiento de un ser querido, la doctora Calva expone que "la circunstancia de que alguien sufra o tenga un dolor no le resta valor como persona, por lo tanto no lo convierte en excepción para que provocar la muerte sea correcto.
También es importante que mediante la tanatología se ayude al paciente a darle un sentido a su sufrimiento. En cuanto a la familia el peor dolor que puede sufrir y es difícil de olvidar es saber que contribuyó a que priven de la vida a su familiar. Un fin bueno no justifica los medios, es decir por querer quitar un dolor no puede terminar con la vida de alguien".
Para Caritina Alcántara, directora de Conocer para Vivir Mejor, la eutanasia es multifactorial y depende en mucho de la condición de cada paciente y sus familias "depende de cada quién" porque el dolor y la manera de afrontarlo es distinto para cada persona. Influye el aspecto religioso o hasta el "instinto de supervivencia. Sin embargo, si vas a vivir que sea con calidad".
En caso de despenalizar la eutanasia, "la opinión del paciente debe ser completamente validada. Al mismo tiempo debería contener candados específicos para que no pueda ser objeto de corrupción por intereses distintos a los del bienestar del enfermo", asegura el doctor Mario Guerra.
El investigador de la UNAM asevera que la pregunta medular es "¿de quién es la vida? Pues es igual de egoísta la posición del enfermo de no importarle la situación de quienes están a su alrededor, como que los familiares al mantener con vida, sin importar la calidad, al paciente".
Por otra parte, para la científica dedicada a la bioética, Pilar Calva "El derecho a la vida es un derecho fundamental y sobre él se fundamentan los demás. El derecho a la libertad no puede estar por encima del derecho a la vida. Toda individuo tiene una dignidad o valor por el simple hecho de ser una persona, aunque los demás o ella misma no reconocieran, por lo tanto nadie puede privarle de su derecho a la vida".
Despenalizar, regulada ya está
El penalista Enrique Díaz Expone que "la eutanasia existe legalmente, está regulado por lo tanto obtendría el término de legalizado, más no es aceptado o permitido".
En el artículo 127 den Código Penal del Distrito Federal se lee: "El que prive de la vida a otro por petición expresa, libre, reiterada, seria e inequívoca de este, siempre que medien razones humanitarias y la víctima pareciere una enfermedad incurable en fase terminal, se le impondrá una prisión de dos a cinco años".
El Código Penal Federal lo tiene previsto en el artículo 312 el cual señala que: "El que preste auxilio o induzca a otro para que se suicide será castigado con pena de uno a cinco años de prisión. Si se lo prestare hasta el punto de ejecutar él mismo la muerte, la sanción será de cuatro a doce años".
Esta sanción de orden Federal fue legislada en 1931, cuando no se tenía en cuenta la eutanasia, y los avances médico aún no permitían la prolongación de la vida de manera artificial. Por ello "debe hacerse una regulación adecuada para la permisión. Tomar en cuenta el único que puede decidir sobre su vida es el propio enfermo, más no sus familiares. Es decir, contemplar que en el caso de que el paciente se encuentre en coma profundo, nadie podría determinar su muerte, ni tampoco aplicaría para menores de edad".
Sin embargo no se ha establecido legalmente si la vida es un bien jurídico de la persona, y como tal pueda disponer de él, y menos ha entrado a debate, además tendría que darse bajo un criterio jurisdiccional. No obstante, "a veces legislamos actuando como niños poniendo las manos en los ojos y pensar que como no vemos, no pasa nada afuera", cita el doctor Enrique Díaz.
El hecho de que no salgan a la luz los casos de eutanasia no quiere decir que no existan y "si no está regulada puede suceder que en los hospitales se puede practicar a puerta cerrada porque ningún médico se va a exponer hacerlo público porque sería perseguido penalmente. O cuando ya el enfermo no tiene posibilidad alguna de mejorar, se le aplica todos los medios extraordinarios para mantenerlo con vida, a veces con la intención ganar más dinero o experimentar", concluye el penalista de la UNAM.
Por otra parte la opinión de la doctora Pilar Calva es en el sentido de que "tanto la Ética como las legislaciones deben dar principios generales fundamentados en los derechos universales. Por lo tanto el principio y la ley que defiende el derecho a la vida es correcto. No podemos poner excepciones a los artículos que penalizan el homicidio o al que asista a alguien a suicidarse por la circunstancia de evitar dolores para el paciente o su familia. Porque aunque una enfermedad sea incurable no se puede considerar que sea correcto privar de la vida a alguien".
En Holanda por ejemplo, quien determina la situación de la enfermedad es el médico que debe tener a su cargo el caso un año, además debe ser verificado por otro médico y confirmado por el Comité Ético de Médicos para evitar que existieran abusos. La tendencia de eutanasia ha disminuido porque se ha garantizado que sólo la voluntad del paciente, cuando la puede expresar, es la única que puede valer una vez que ya cumplió con los requisitos impuestos.
En Oregón, cuando el se realizó la consulta, el 60 por ciento de la población dio el sí para la despenalización, pero sólo es utilizada en uno por ciento. Esto, dice Mario Guerra, cuestionaría si realmente se pondría en práctica. Tomando en cuenta sobre todo que los mexicanos somos una sociedad muy familiar y creyente entonces la presión social para las familias que optaran por esta práctica sería evidente. Por ello también debería incluirse estos aspectos para que los familiares recibieran atención.
A consulta ciudadana
Uno de los puntos de acuerdo es llevar este tema a consulta ciudadana, pero sobre todo que sea dirigida a los verdaderos implicados, es decir a médicos, enfermeras, pero sobre todo a quienes realmente enfrentan ésta situación: los enfermos y su familia. Puesto que sólo ellos podrían dar una opinión fundamentada y con conocimiento de causa.
"Es indispensable realizar una consulta para que manifiesten sus argumentos porque todo mundo opina sin que este en el problema y una vez que se obtenga una respuesta que los políticos cumplan con el papel que les corresponde que es representar a todos los sectores de la sociedad. Porque también podría darse el caso de que en aras de la modernidad "se pueda disfrazar una decisión política que tuviera el tras fondos de dar solución legal a todos esos enfermos terminales que cuesta caro mantenerlos para los servicios de salud", sostiene el investigador Enrique Díaz-Aranda.
Tomando en cuenta todas las acciones es importante que se tenga cuidado a la hora de reformar un artículo y que funcione para beneficio de la sociedad y del grupo afectado evitando así que en lugar de solucionar, se abra un boquete más grande. Asimismo que no sirva de sólo como estrategia política.

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