martes, octubre 21, 2008

Cuando los pueblos se unen

Nayeli Roldan
El descontento social en Morelos no es reciente ni se limita sólo al magisterio. Desde hace casi cuatro años se formó la organización “Los trece pueblos” para defender los recursos naturales de las poblaciones indígenas y ahora apoyan todos los movimientos sociales que surjan en el estado.
La lucha también incluye a los maestros que se mantienen en paro desde hace dos meses y aunque células del ala radical de la Asamblea de los Pueblos de Oaxaca acudirán a Morelos con la intención de crear una organización similar en el estado, una estrategia así “no se impone; se construye”, afirma José Martínez Cruz, vocero de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de la entidad.
Agrega que los pueblos indígenas tienen ya su propia instancia y la situación del movimiento no es la misma que la ocurrida en Oaxaca hace dos años. “Es una opción que se tiene que discutir abiertamente”, insiste; sobre todo porque hay más organizaciones de defensa de derechos humanos, contra la represión, estudiantiles o los sindicatos, que podrían formar parte.
Los pueblos originarios ya están organizados y apoyan el movimiento magisterial, aglutinarlos en una sola instancia, todavía no está debidamente debatido, asegura.
En el 2004, después de diversos intentos para ser escuchados por el gobierno estatal para que los manantiales no fueran explotados indiscriminadamente, sobre todo para abastecer a unidades habitacionales que se construyen en regiones aledañas a los pueblos indígenas y que éstos eran quienes más sufrían la escasez de agua, los trece pueblos se reorganizaron.
La primera acción fue cerrar los accesos carreteros del sur del estado: Alpuyeca, Jojutla y Zapata, “sólo así nos hicieron caso”, afirma Saúl Roque Morales, impulsor de la organización, “porque el gobierno estatal no tiene conciencia de preservar la armonía de la naturaleza”.
En julio de 2007 más de 50 poblaciones, incluyendo los trece pueblos, se reunieron y formaron el Consejo de Pueblos, que ahora defendía y apoyaba cualquier movimiento porque “estamos del lado de las demandas sociales que padecemos”, y del que construyeron un manifiesto en el que explican la importancia de cuidar la tierra, el aire y el agua.
La presión sirvió para conseguir la establecer mesas de negociación, encabezadas por los secretarios de gobierno y medio ambiente, Sergio Álvarez Mata y Jorge Hinojosa, respectivamente, pero a la fecha no han tenido respuestas concretas.
Continua pendiente la afectación al acuífero que propicia la gasolinera en la caseta de Cuautla, el relleno sanitario en Lomas de Mejía en Cuernavaca, el desarrollo urbano en Jojutla, la construcción de viviendas en Ciénega en el municipio de Emiliano Zapata, que desequilibran el medio ambiente, e incluso, dice Roque, las relaciones sociales al haber incremento poblacional. “Eso le ha servido a los maestros para no creer en las negociaciones porque el gobierno le da preferencia a los grupos empresariales”.
Cuando inició el paro de labores de maestros, éstos estaban alejados de la sociedad porque desde hace más de 20 años no se habían movilizado, pero después de los desalojos en Xoxocotla y Amayuca, los pueblos originarios incrementaron su apoyo, asegura Manuel Martínez, integrante del Consejo de Pueblos.
El objetivo principal de la organización de los pueblos es “ser solidarios con los movimientos sociales. La salud, la educación, la naturaleza, no son temas aislados, somos parte de un todo y los maestros intervienen en la formación de nuestros hijos”, sostiene Roque Morales.
Sin embargo, la lucha no sólo es por el rechazo de la Alianza por la Calidad de la Educación, sino por la ofensa y “opresión” a los pueblos indígenas, pero “estamos preparados para aguantar; los pueblos originarios no nos vamos a extinguir como quisiera el gobierno”, sentencia, Miguel Ángel Pérez, del municipio de Tepoztlán.

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