martes, octubre 21, 2008

Xoxocotla

Nayeli Roldán

En Xoxocotla se defiende las causas que consideran justas hasta con la vida, sobre todo porque tienen la venia del tata Lázaro Cárdenas del Río y del tlatoani, Emiliano Zapata. El de la vida y lucha de los personajes continúan vigentes y sus figuras de piedra en el centro del poblado les recuerdan la encomienda de defenderse ante los abusos.
En la historia, sólo dos personajes que lucharon por los amolados merecieron el honor y el respeto del pueblo. El monumento de Emiliano Zapata es una figura dorada de dos metros. Con una actitud de gallardía y gesto enardecido, sostiene a un indio desvalido. Éste tiene una parte del grillete que aseguraba sus pies, la otra está en la mano del general.
“¡El grito de redención! Pueblo Mexicano: apoyad con las armas en la mano, este plan y haréis la prosperidad y bienestar de la patria. ‘Justicia y ley’. Plan de Ayala. General Emiliano Zapata, señorío indígena de Xoxocotla. Morelos 1977”, se lee al pie de la figura.
El busto de Lázaro Cárdenas del Río tiene la leyenda: “Tata de México, 1974”. La parte del cuerpo que se observa en la figura no tiene ropa, porque “el mejor Presidente” que tuvo el país era “indio como nosotros, en esencia tenemos los mismos valores”, asegura Saúl Roque Morales, líder del poblado.
Los habitantes cuentan que tuvieron agua potable gracias al tata porque en una gira por el estado, el automóvil de Cárdenas se averió en la carretera Alpuyeca-Jojutla a la altura de Xoxocotla, casi por “accidente” visitó al pueblo y se dio cuenta que había agua limpia que tomar.
Mandó construir el sistema de agua potable para abastecer agua del manantial de Chihuahuita. En 1942, la urbanización comenzó a limitar la distribución de agua a los pueblos originarios por lo que algunos se organizaron para pedir la ayuda del ya ex presidente. “A quien le corresponde resolver los problemas es a ustedes, si les hacen falta huevos vayan afuera y cómprenlos en la tienda”, le dijo Cárdenas.
“Nos dio permiso y nosotros obedientes ya no nos dejamos”, sostiene Roque Morales. Se asumen como un pueblo pacífico, pero que defiende “lo justo”. “Queremos una vida comunitaria con justicia y libertad. Cualquier agresión nos hace ser violentos para hacer respetar los valores, estamos en contra de todo lo que ofende”, agrega.

9 de octubre no se olvida

Desde el sábado 27 de septiembre, en apoyo al paro magisterial de los maestros, los pobladores cerraban un tramo de la carretera Alpoyuca-Jojutla todo el día. Esta práctica, dicen, les sirvió el año pasado para solucionar un conflicto por agua.
El 8 de octubre, en Amayuca, del municipio de Jantetelco, que también tenía tomada la carretera hacia Oaxaca, hubo un violento desalojo. Poco más de 300 policías federales y preventivos se confrontaron con los pobladores por casi dos horas. Hubo decenas de heridos y detenidos. Los habitantes de Xoxocotla llamaron con las campanas de la iglesia a reforzar la toma carretera; pusieron tres retenes un kilómetro antes de llegar al punto de bloqueo. Sumaban aproximadamente cinco mil pobladores.
En el intento de desalojo, detuvieron a cuatro policías federales y los mantuvieron por cuatro horas para negociar la liberación de los detenidos en Amayuca y el retiro de las fuerzas federales. Poco antes de la media noche, también arribaron tanquetas y efectivos militares. “¿Qué no el Ejército está combatiendo a los narcotraficantes? Nosotros no somos narcos”, ataja Manuel Martínez, poblador.
Liberaron a los policías con la promesa del retiro de los uniformados, “pero no cumplieron”, dice. En la mañana del 9 de octubre nuevamente bloquearon la carretera, pero ésta vez, tres helicópteros merodeaban la zona. “Planearon bien la estrategia porque la mayoría de los hombres no estaban, se habían ido a trabajar, los que estaban en la carretera eran jóvenes y mujeres, sobre todo”.
Hacia las tres de la tarde, el grupo de pobladores era superado en número por los más de dos mil 500 policías federales y estatales. Encendieron llantas para formar barricadas, pero no fue suficiente ante el gas lacrimógeno que era arrojado por tierra y aire. Los pobladores se defendían lanzando cohetones a los helicópteros y a ras de suelo; lanzaban piedras mientras se cubrían la cara con paños mojados con refresco de cola o vinagre.
La suegra de Flor Palacios vive cerca de la zona de trifulca. “Alcanzamos a meter como a 50 personas. Mi suegra los acomodó en los cuartos, en la bodeguita, les echó llave y les dijo que no hicieran nada de ruido, sólo así los policías no se metieron. Todos nos quedamos casi sin movernos”. El saldo oficial: 23 detenidos y alrededor de 50 heridos, sin registro de daños materiales.
Sin embargo, la Comisión Independiente de Derechos Humanos del Estado de Morelos documentó, de ambos desalojos, 139 personas, en su mayoría civiles, sufrieron detenciones arbitrarias, privación ilegal de la libertad y tortura. “Sólo una mujer narra abuso sexual, uso de palabras altisonantes y amenazas de llevarlas a otro lugar”, informa José Martínez, vocero del organismo.

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Xoxocotla pertenece al municipio de Puente de Ixtla y tiene poco más de 19 mil 600 pobladores, hace ocho años fue la última vez que lincharon a un hombre por abuso sexual, pero nunca habían enfrentado una agresión como aquel 9 de octubre.
“Creí que me iban a matar. Cerraba los ojos para no pensar. Nos echaron a un camión como puercos, uno encima del otro. Una vez voltee a verlos y me pegaron, otra vez”, cuenta Gregorio González, a quien después de dos semanas, las huellas de los golpes en el cuerpo todavía permanecen, pero las que nunca olvidará son las que sólo él sabe, las que le impiden sostener la mirada por el asomo de llanto al relatar su experiencia.
“El gobierno ganó una batalla, pero no la guerra porque el pueblo ya está cansado de tanta opresión. Si le pega a un animal se defiende. Patee un perro y verá si no lo muerde, hora más un humano”, advierte, Abraham Escorcia, a quien los policías le hicieron pasar por las brazas de una barricada “para que sientas lo que sintieron nuestros compañeros”, se jactaban.
Ese día cumplía 35 años, pero su hijo de dos años y ocho meses amaneció con temperatura, “por eso no fui a trabajar. Desde temprano, por los helicópteros no hubo transporte. En todo el día no se le bajaba la fiebre a mi hijo, por eso en la tarde fui a la base de taxis que está en la carretera. Cometí el pecado de estar en el lugar equivocado a la hora equivocada. Cuando iba llegando, lanzaron gas lacrimógeno, me agarraron y dijeron que yo era el líder de los maestros. Llevaba sandalias, me las quitaron y me hicieron caminar descalzo. Cuando llegamos a una barricada que todavía tenía brazas, me sostuvieron de los brazos y me llevaron caminando por lo ardiente”. Tuvo quemaduras de primero y segundo grado en los pies. “Fue 9 de octubre ¿cree que lo voy a olvidar?”.

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