Autonomía, mejor regalo para un niño
Nayeli Roldán
Para Francesco Tonucci los niños no son presas para consumo de juguetes novedosos, si no ciudadanos del presente y personas capaces de externar sus propias opiniones que, inclusive, ayudarían a mejorar su propia ciudad. El pedagogo e investigador italiano, ha centrado su trabajo en la relación de los niños y la calle; de ahí un proyecto llamado La Ciudad de los Niños, que sólo tienen la coincidencia “nominal” con el espacio de una plaza comercial de nuestro país, porque su propuesta no es de ficción, sino de regresar a los niños la autonomía y confianza que merecen.
Los niños también han cambiado su condición debido a la modernidad; la violencia es razón para no salir solos a la calle y descubrir nuevas experiencias, tampoco pueden hablarle a extraños, pero esto podría generarles inseguridades en sus próximos años, y lo más grave, es que el juego dejó de verse como su único “oficio”, pues se les encarga más actividades para no “perder el tiempo”.
El significado de ser niño debería de saberlo cualquier persona puesto que todos lo fuimos. Sin embargo, Tolucci reconoce que el olvido parece necesario para lograr ser grande. Tal vez para la gente, un infante significa “poco, algo pequeño, casi un animalito preciso, querido, pero que no sabe nada, que no cuenta, y si cuenta, es por lo que va a hacer no por lo que es. Esto es un poco la condena de la infancia, que todo lo que tienen que hacer los niños, tienen que hacerlo para mañana, es el chantaje que recibe. ‘Hoy tienes que estudiar, porque te vale por mañana; ‘tú eres el futuro ciudadano’. Estas son afirmaciones muy graves, porque son mentiras. Un niño es un ciudadano. Hace 15 años que la ONU aprobó la convención de los derechos de los niños y seguimos pensando que un niño es un futuro ciudadano. Es una la ley internacional más conocida del mundo, pero nadie la respeta”.
— ¿Por qué es tan importante el juego para un niño?
— Tenemos que garantizar que los niños llegue bien a mañana. Y esto de cuidarlos nos lleva a respetar poco sus necesidades. Hoy es común para un niño de una ciudad occidental, no tener tiempo libre; ni un momento en el que puede salir solo de casa y encontrarse con amigos y vivir experiencias fundamentales como la aventura, el descubrimiento, la sorpresa, el obstáculo, riesgo, todo esto es parte del mundo del juego. Y hoy para los niños es casi imposible. Lo que dice la ciencia, es que la infancia es la temporada más importante de toda la vida de una mujer y de un hombre. Todo se juega en los primeros años, esos son los cimientos de todo lo que se va a hacer es resto de la vida, y si no se ponen, tendremos problemas para toda la vida. Por eso, lo que hacemos por los niños, lo hacemos para siempre, y es una inversión, no un gasto. Muchos autores dicen que antes del primer día de escuela, un niño desarrolla más del 80 por ciento de sus potencialidades. Pero nuestra sociedad se hace lo contrario, todo está enfocado para los adultos. A veces piensan que jugar es perder tiempo. La frase de ‘juega ahora que puedes, porque mañana tendrás cosas más importantes que hacer’, es muy común, y para que un niño pueda crecer con un alto nivel debe tener padres que lo quieran, una vida digna, tener la posibilidad de jugar, porque el juego es el oficio de un niño. No tengo duda de que un niño aprende más jugando que estudiando, con ello no quiero decir que estudiar no sea importante, pero lo más importante llega antes.
La Ciudad de los Niños
Tolucci menciona que hace varios años, cuando él era niño, la situación era distinta. Tal vez tampoco eran tomados en cuenta pero sí tolerados. Los niños se aprovechaban de los espacios que los adultos dejaban. Pero una diferencia fundamental era que los adultos no estaban controlando, cuando estaban con otros niños. Después de conocer el pensamiento de estudiosos como Freud o Piaget, se sabe la importancia de la infancia, pero por eso mismo “no se deja libre”. En las ciudades europeas los padres organizan la agenda de sus hijos. “Antes la jornada de un niño era dividida en tres partes: casa, escuela y ciudad. En la primera eran deberes, la segunda el estudio y lo demás para tiempo libre en la calle. Ahora las primeras entidades han absorbido la tercera, gracias a instrumentos como la televisión o la computadora y con clases de baile, guitarra, inglés, etcétera. Todo esto limita mucho a los niños. Y en esta condición, se presenta la enfermedad de la soledad. En nuestras ciudades (europeas) generalmente sólo se tiene un hijo por lo cual pierde la compañía de otro niño dentro de su propia casa, y como hay peligro fuera, no puede salir. Ésta condición de soledad es innatural, e intentamos compensarla rodeándolo de juguetes y pensamos que se puede comprar la felicidad del niño, pero esto no consigue nada.
Precisamente por esta idea nació el proyecto de “La Ciudad de los Niños”, en 1991, primero en Fano, ciudad natal de Tonucci, luego se extendió a otros lugares de Italia, España y Argentina, con excelentes resultados. Pensando que el problema no era individual sino social donde debían intervenir todos los actores de las ciudades para que fuesen capaces de recibir a los niños y que se sientan menos solos, porque no hay espacio para niños, ancianos, y minusválidos en las calles “porque estamos en una ciudad hecha a medida de los adultos y por eso es peligrosa”.
Puesto que se ha descubierto el valor comercial de la ciudad, se han alterado los conceptos de equilibrio, bienestar y comunidad, en cambio existe el peligro de andar solos en las calles, el paisaje urbano incluye drogadictos o ladrones, por ello la ciudad se ha desarrollado con separación y especialización de los espacios. La propuesta es más bien repensar la ciudad tomando al niño como parámetro.
En México también existe un espacio en un centro comercial llamado La Ciudad de los Niños, pero sólo es una “coincidencia nominal, porque esta asume la metáfora de la ciudad para ofrecer a los niños lugares de juego, experiencia, puede ser interesante pero no es como este trabajo, porque no entramos sobre una simulación o simbólico. Los niños se ocupan de la ciudad verdadera, para que puedan salir y recorrer las calles”.
Tolucci refiere que aún cuando una ciudad tenga incidencia de violencia, podría lograrse un cambio, “porque en ciudades complicadas como Buenos Aires, cuando los niños vuelven a la calle (cuando van solos a la escuela, por ejemplo) ésta se hace más segura. Parece una paradoja, porque no dejamos salir a los pequeños porque hay peligro, pero los niños producen un cuidado ciudadano por parte de los adultos, reconstruyen una solidaridad urbana”.
Necesidad de autonomía
“En Italia llevamos de la mano a los chicos hasta los 12 o 13 años, y a los 14 les regalan la moto, pero también hay una frecuencia de accidentes muy alta porque no saben moverse, no tienen una idea de enfrentarse al peligro porque siempre los han llevado de la mano. También, dándoles celular, parece que los padres tienen la intención de llamarlos cuando quieran para saber dónde están, para controlarlos. Inclusive ya existe un programa satelital que se puede poner en el teléfono para saber dónde se encuentran. ¡Esto es horrible! Con esto, los niños saben que los padres no les tienen confianza de que ellos puedan solucionar solos algunos problemas. Esta es una mala manera para crecer, con ello construimos a personas inseguras. También deben cambiar la mala costumbre de desconfiar de todos; siempre he dicho que los adultos deberían educar a sus hijos no sólo a confiar en los demás, sino que cuando están fuera de casa y tengan cualquier tipo de problema, paren al primer adulto que encuentren y pidan ayuda. Estoy seguro que esto no va a producir nunca un problema. Hace muchos años que escribí esto y nadie me ha dicho que haya ocurrido lo contrario.
— ¿Los niños necesitan independencia en las ciudades?
— Creo que los niños tienen que crecer con una autonomía suficiente y afrontando la vida. Teniendo en cuenta que los riesgos forman parte de ella. Me molesta que hemos creado una sociedad para nosotros (adultos) En los últimos 50 años, las ciudades se han hecho a la medida del ciudadano adulto varón y trabajador, olvidándose de los que no son adultos, los que no son varones y que no son trabajadores. La ciudad ha sido hecha por una minoría poderosa. Los niños ven el mundo desde otro punto de vista, desde más abajo, con otro tipo de preocupaciones. Quieren hacer, experimentar, intentar, conocer, osar y nosotros tenemos la única preocupación de cuidarlos, por eso es un conflicto difícil conectar. Pero lo importante es conseguir que los niños se expresen, crear una condición de trabajo. Porque los adultos siempre le piden hacer cosas de ficción, simbólicas, pero aquí lo hacen en serio. La participación de los niños es una recuperación de autonomía de movimiento que están perdiendo.
Recordando los logros de su proyecto menciona un ejemplo claro de la importancia de escuchar a los niños. “Les pregunté qué cosas no funcionan en su ciudad para decírselo al alcalde. Un niño dijo que había demasiados aparcamientos, lo que le quitaba espacio para jugar. Y la propuesta fue que sólo se dejara mitad para los coches y mitad para jugar. Yo llego con la propuesta al alcalde y se rió, yo me enfadé. Le dije que antes de reírse debía analizar que los niños necesitan jugar y espacio para hacerlo, así que habría que reflexionar sobre esta afirmación. El niño reconoce que su padre quiere en igual manera a su coche que a su hijo y por eso propone la mitad. Es generoso, no pide más, y los adultos debemos sentirnos ofendidos”.
Otro mención gratificante fue la lograda en Roma cuando el alcalde abrió el consejo de los niños en el 2001 porque, dijo, necesitaba de su ayuda y consejos, porque los adultos nos olvidamos frecuentemente de lo que significa ser niños y que debíamos trabajar juntos para cambiar esta ciudad. “Los niños de Roma le creyeron al alcalde y le pidieron cambiar un artículo del reglamento urbano, que prohibía el juego en lugares públicos, y se modificó”.
A pesar de estos logros en lo urbano, Tonucci se siente decepcionado en el modo en que ha evolucionado la educación desde que era profesor. Lo bueno es que “en los últimos treinta años se ha reconocido que la primera escuela es de gran importancia social y que crea los cimientos, aunque siguen con la escuela de formas arcaicas con dibujitos, pinzas de ropa, con niño que siguen pegando arroz coloreado como presos, estas son tonterías que lamentablemente sigue ocurriendo. Pero existe la conciencia que los niños merecen una escuela mejor. Se está trabajando una reforma en la educación infantil con la participación de maestras de preescolar, que aunque tengan una preparación menor tienen más sensibilidad que los profesores de otros niveles. Al contrario de temas como la metodología escolar en la primaria, pues hemos tenido momentos más pobres, o el seguimiento a modelos norteamericanos que poco ayuda a entender. No estoy satisfecho de eso, por eso me dirijo más a la relación del niño ciudad”.
— Los padres acostumbran a regalar muchos juguetes a sus hijos, pero ¿cual sería el mejor regalo para un niño?
— Dos regalos. 20 kilos de barro que no es nada y puede ser todo, aunque le ensucie la casa, será sólo por una vez; y dejar que vaya a comprar algo solo, es decir, ofrecerle una experiencia de autonomía, dándole confianza.
Además de pedagogo, Francesco Tonucci, también es artista, y caricaturista desde 1968. Sin embargo la firma para esos dibujos es de Frato, abreviación de su nombre, por pena, pues consideraba que la caricatura era un trabajo inferior a la investigación o a la creación de una pintura, pero ahora la cree como una herramienta significativa. Sus dibujos también han acompañado alguno de sus escritos y el trabajo de La Ciudad de los Niños. Asimismo es autor de Por una escuela alternativa, Vida de clase, Cuando los niños dicen basta, Con ojos de niño, Niño se nace, Cómo ser niño, entre otros.
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